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Dime cómo te arreglas, y te diré cómo trabajas

... Y es que la Corte de Colonia (que tiene coña encima que haya sido aquí), en Alemania, ha adoptado una serie de decisiones cuando menos sorprendentes sobre ciertos hábitos de vestimenta y acicalamiento de los trabajadores de una empresa de seguridad aérea. Que si la longitud de la barba, que si el sujetador... Personalmente es un consuelo saber que la estupidez humana no se limita a la piel de toro, y tanto más cuanto que esta noticia nos llega de Alemania, la locomotora europea, etc, etc, etc. Cuando ya mi capacidad de asombro había llegado casi al límite con esa obsesión tan hispana de medir la productividad por el tiempo de apoltronamiento de glúteos en las sillas del currelo (que es que yo no veo la relación, sinceramente), nos llegan ahora estos con la vestimenta. Conste que tonterías de este pelo también he tenido que escucharlas aquí, que parece que si vas a trabajar con una camiseta de Eskorbuto eres menos profesional que el fulano que se presenta engominado y con corbata...

La A8 y sus atascos matinales

Hoy voy a quejarme en plan los tipos que llaman a Joseba en Radio Nervión los domingos por la mañana. Y es que ya van dos días que tardo una media de un par de horas en llegar al trabajo. Dos horas de media de interminable espera, embrague-primera-embrague-primera, que una ya no sabe qué hacer en el cubículo del coche: cambio la emisora "n" veces, me como casi todo lo que acompaña el tupperware excepto el contenido de este último (más que nada porque hay que calentarlo), miro a los coches de los carriles adyacentes, miro los móviles de reojillo, resoplo, miro el reloj de pulsera, vuelvo a resoplar. Y me desespero. Ya sé que no gano nada con estos mosqueos, más que un historial de mala sangre que no puede ser bueno para mi salud en la ancianidad, pero es que es desesperante. Me pregunto si alguien se ha parado a pensar en la cantidad de horas de trabajo que hemos perdido, en la cantidad de dinero que se pierde diariamente con estos atascos. Supongo que es responsabilidad d...

El placebo moral llega también por Navidad

Ya está cerca la Navidad, fun fun fun. Y además de los turrones, la lotería, las jamadas y demás atrezzo, ya están aquí los bolígrafos de la sonrisa, las pastillas contra el dolor ajeno, los telemaratones, y demás artilugios para comprar nuestra solidaridad y poner bajo control la conciencia social de una sociedad, la nuestra, que pese a la crisis galopante y desbocada lo sigue dejando todo para el final, incluido aquello de preocuparse un poco de los demás, que no dejan de ser un poquito de nosotros mismos. Vivimos en un mundo en el que los medios de comunicación y las nuevas tecnologías nos dan todas las posibilidades para escandalizarnos con las injusticias, que todavía son muchas, y aún más para reaccionar y protestar; pero es un mundo también deshumanizado con tanto medio, donde el horror ajeno queda diluído en un flujo interminable de noticias que se suceden una a la otra a velocidad vertiginosa, creando sobre nosotros una especie de película transparente, parecida a la del anu...

Las dos caras de una misma moneda

Está claro que el noble hecho de trabajar no tiene el mismo significado para todos, y como dicen que para muestra un botón, hoy me voy a cebar un rato con el gremio de los médicos, porque tengo a Leire con gastroenteritis y en estas situaciones es cuando a una se le hincha la vena en plan María Patiño. Como os digo, resulta que ayer Leire comenzó a vomitar por la tarde, y como la primera la lanzó sin avisar, como suelen ser, y estábamos cerca del centro de salud de Castro Urdiales (del centro "viejo"), nos acercamos para que la examinaran de urgencia. Vaya por delante que a mí no me hace mucha gracia este servicio de urgencia, entre otras cosas porque no tienen pediatría en este caso, y te atiende un profesional que lo mismo examina la gota de un jubilado que los mocos de un recién nacido. Total, que entramos, y nos atiende un fulano, por llamarlo de alguna manera, que más que un médico parecía un enterrador de la pinta de triste, rancio, amargado y soso que tenía el tío....

Mi experiencia con los minerales. El desenlace.

Y ahí estaba yo, con un agujero en el estómago más grande que el de la capa de Ozono, anhelando esa nueva parada donde se suponía que, por fin, íbamos a degustar nuestras viandas, que por otro lado estarían ya criando, desde la hora en que la suegri nos había preparado los bocatas. La siguiente (y última, gracias Señor) parada de este periplo inenarrable (e irrepetible, a riesgo de nuestro matrimonio) era Pineda de la Sierra. Un pueblecito agradable, de esos de paso para tomarse un cafecito en el bar-restaurante, con el par de paisanos que no se terminan nunca su café con gotas, con aroma a tabaco rancio y al pelo quemado de las cabezas de jabalíes, corzos y ciervos que adornan las paredes. Poca luz y cuatro tapas pasadas de fecha tras el mostrador, pese a lo cual uno sigue pensando que se puede comer bien ahí, sobre todo en invierno, con tantos bajo cero... Bueno, al hilo de esta descripción os podéis hacer una somera idea de mi agujero estomacal. Y es que para no variar, antes de l...

El tupperware

Como Leire está en la guardería, y tengo que pasar a recogerla a las 15.30, me he sumado a la masa de trabajadoras y trabajadores que diariamente desempaquetan sus tupperware en los comedores de la oficina para degustar "comida casera". Aunque llevo poco tiempo en esta situación, y lo cierto es que no dispongo de mucho ídem mientras como, ya que el requeteídem apremia que da gusto y casi ni me siento para llegar a Castro on time (A-8, recuerdo...), he podido realizar un análisis del personal cuando se sienta frente a frente con su tupperware. En primer lugar, yo me imaginaba un espacio con trajín de microondas, gente que se levanta al fregadero, gente que se acerca a la máquina de café. Eso, con bullicio. Y ahí no me he equivocado. Pero me lo imaginaba con un bullicio digamos que divertido, digamos que el que se supone que hay en esa hora escasa de asueto y despendole antes de volver al tajo. Nada más lejos de la realidad. Para empezar, cuando llegas e intentas buscar u...

Mi experiencia con los minerales III

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Así fueron pasando las horas, y aquello parecía no tener fin. Bajo un sol de justicia, y con el machacón repiqueteo de los piquitos de ambos dos en diferentes puntos del escenario de trabajo, andaba yo de un lado para otro, comiendo mi manzanita, buscando un lugar donde poder mear tranquilamente (misión esta harto imposible, ya que el tipo parecía un enano saltarín y allá donde fuera, allá que me lo encontraba pico en ristre, incansable el tío). Comencé a sentir una irrefrenable fijación por mi reloj de pulsera. Ya que no daba crédito a mis ojos, más de las cuatro de la tarde, y los dos tíos de un lado para otro, intentando sacar algo de provecho entre aquella cantidad de mierda, ¡¡y sin comer!! Yo es que ya no aguantaba más, mi aguante de recién casada tenía un límite. Así que ahí me acerco a Agus, y como que no quiere la cosa, le informo convenientemente de la hora. El tío me mira sorprendido, y parece como que sale de un letargo y la panza le empieza a crujir. "Pues sí, habrá q...

A mí no me da de comer

Dice nuestro ínclito presidente del Gobierno Español, que el parado que se forma no está parado, porque está trabajando. Que se ha dado cuenta con la crisis que la formación y la innovación son fundamentales. Y que la protección social se tiene que enfocar al trabajador. Yo me pregunto si estas profundas reflexiones las ha obtenido tras una concentración sesuda digna de obtener un honoris causa en la Universidad de Villarriba, o sin más ha sido lo primero que se le ha pasado por la cabeza cuando se han juntado todos en esas reuniones tan chupis que salen en la tele, ya sabéis, las que hacen sobre mesa de cristal, con cafecito y bollitos recién horneados. Porque es que a mí, un suponer, si estuviera en el paro y tuviera que hacer uno de esos cursos tan interesantes del INEM (ya sabéis, uno de esos que te reciclan tanto que parece que has pasado por Corporación Dermoestética), vamos, si vuelvo a casa con esas carpetitas tan monas que te dan, pues sí, son monas, pero Leire, mi hija, q...

Mi experiencia con los minerales. Capítulo II

Total, que al día siguiente allí estábamos los dos como un par de campeones, frente a la casa de nuestro "amigo", equipados hasta las cejas: por un lado, la mochila con la comida. Por otro, el material para extraer el material. Que no os lo he contado, pero cuando vamos a buscar pedruscas, mi marido lleva más equipo que Juanito Oyarzabal cuando sube al K-2: el pico, el mazo, el cincel, el papel de periódico para guardar los hallazgos (yo los leo y releo en mis ratos de aburrimiento), las gafas protectoras que no se pone, las gafas de cuando estudiaba en la Uni en plan UnDosTrés y que son las que se pone para proteger, los guantes de protección que empezó a ponerse cuando pensó que le había picado una víbora (y en realidad era una hierbecita. El tema es que a mí casi me da un infarto del susto. El directo es lo que tiene), restos de pedruscas de viajes anteriores, y polvo, muuucho polvo en las mochilas. En total, tres mochilonas, más los bastones de montaña. A todo esto lleg...

Mi experiencia con los minerales. Capítulo I

A mi marido le gustan los minerales. Podía gustarle el fútbol, el mus, la caza o el piragüismo. Pero no. A mi marido le gusta entrar en minas y/o en canteras abandonadas (o no, que no sé qué es peor), mazo en mano y casco en cabeza, e intentar birlar alguna muestrita de pedrusco digna de exponer en su colección o de vender por eBay para continuar con la afición. Yo no tengo nada en contra de este hobbie. Cosas más raras se han visto y al fin y al cabo, tiene un alto valor añadido: el contacto con la naturaleza es cuasi permanente, se alcanza un grado de conocimiento de la geografía política española que ya quisiera el de “Un país en la mochila”, y con un poco de suerte, se consigue superar el momento bocata y se degusta la comida propia de los alrededores (una de las pocas razones buenas para acompañarle). Fuera parte de las dudas que me surgen cuando acompaño a mi marido en estas incursiones mineras (por ejemplo, qué pensarán los mineros de verdad de esta gente que entra en sus lug...

La tontería del día

De vez en cuando, en nuestra rutina diaria, sucede que se cruza un personaje peculiar, por cuya actitud, vestimenta, o verborrea, llama nuestra atención y provoca nuestra reflexión, sonrisa, indignación o simple comentario. Esto es lo que nos ha pasado hoy al llegar a la Clínica Euskalduna, donde tenía cita para la revisión ginecológica anual. Nada más acercarnos a la recepción, y sin apenas tiempo de lucir a la peque delante de las enfermeras, sabedoras de mi embarazo y con las que ya tengo cierta relación, se cruza uno de los médicos de la Clínica, conocido tertuliano de la televisión autonómica y, por tanto, uno de los tantos populares del Botxo. Vaya por delante que no le conocemos de nada, ni él a nosotros, que se cruzó por nuestro camino como se podía haber cruzado cualquier otro. Pero se cruzó él. Y después de soltar la típica tontería a la enfermera "mira, esto ya sabes cómo se hace", con relación a nuestra hija, el tío se empieza a rallar y eso, se pasa de la raya,...

El arte de no hacer nada

El otro día estuve disfrutando de una conversación con una amiga, que me deleitó con la descripción jugosa de un compañero de trabajo. Un artista el tío, sí señor, que salí de la cafetería con ganas de ser como él, cuando sea mayor. Y es que cuando en los tiempos que corren nos estrujamos o se estrujan algunos la cabeza acerca de cómo mejorar la productividad, la competitividad, y demás cosas que terminan en "vidad" y que además den beneficios, hete aquí que hay gente de inteligencia superior, que es capaz de ocupar su tiempo de trabajo con actividades lúdico-festivas pareciendo incluso que se currela como el que más. La receta parece sencilla, pero estoy convencida que tiene su aquel y que exige un ensayo previo. Porque a mí personalmente me costaría un triunfo poder estar ocho horitas de trabajo sentada delante del ordenador sin hacer prácticamente nada de lo que se supone que tengo que hacer. Pero ahí va la receta del colega de mi amiga: el tío se presenta a una hora q...

El triunfo de la inocencia

Algo me decía que querías presentarte ya, que no podías esperar ni siquiera una semana. Por eso, cuando de madrugada tocaste a nuestra puerta, no me puse nerviosa, al menos no demasiado, y seguí los consejos de tu padre para esperar un poco más antes de emprender el nuevo camino. Finalmente, ya por la mañana, en el Hospital de Cruces (Barakaldo) nos confirmaron que habías iniciado tu viaje, ese que todos emprendimos un día y que no tiene vuelta atrás. Así que nos prepararon (sobre todo a mí), para recibirte. Tardaste casi 24 horas en llegar. Un plazo un poco largo, aunque en absoluto doloroso. Fue la primera señal de que cada uno tiene su vida, y cada uno la vive como cree que debe ser vivida. Se trata en definitiva de disfrutarla. Al presentarte, fueron muchos los que acudieron a tu llamada. A tu llamada silenciosa, esa que sólo provoca la piel sonrosada, las manos enroscadas en puñitos, y llantos de comunicación con un mundo que en principio, seguro que se te antoja muy raro. Y n...

El retorno

Las vacaciones ya terminaron. Ya estamos de vuelta en la rutina, esa rutina en la que tengo la enorme suerte de participar. Bueno, si lo pienso bien, no es tal rutina, al menos en esta época de nuestra vida, muy marcada por ese vaivén en mi panza prominente, que crece a pasos agigantados. Marcada por la inmersión repentina en el vasto mundo de la infancia y sus accesorios, las dudas, los miedos, las consultas, etc, etc. Sólo quedan ya tres meses para verle la cara y confieso que voy a echar de menos sus pataditas anunciándose y compartiendo a cualquier hora. Las vacaciones ya terminaron. Durante este tiempo de reposo y tranquilidad, mi marido y yo hemos estado maquinando alguna que otra nueva idea que pronto veréis, si tengo tiempo de ponerme, eso espero, en un nuevo blog. Surgen tantas cosas que contar... He visto también que hay muchas noticias nuevas que compartir, lo que me parece sumamente estimulante. Espero ponerme al día muy pronto.

Cañizares y el concepto de persona

Antes de nada, confieso que soy católica practicante. Voy a misa con cierta regularidad, y por experiencias vividas estoy convencida que Alguien por ahí arriba vela por nosotros. Y entonces pienso, qué debe opinar ese Alguien de ahí arriba cuando uno de sus representantes comerciales aquí abajo, léase Cañizares, suelta perlas como que los abusos sexuales son menos graves que el aborto. ¿Cómo? Buf, es muy duro escuchar esto, supongo que seas católico o no. A lo mejor piensa que si abusan de tí mientras rezan el Angelus ya de paso se lo perdonan al abusador y tal. La cuestión no es si una cosa es peor que la otra. Cada cual tiene su opinión sobre el aborto y ahí no voy a entrar. Pero señor Cañizares, mida un poco sus palabras porque: a. No hace ningún bien a la credibilidad de la organización de la Iglesia como tal, que con comentarios como éste queda bastante maltrecha. b. Hace mucho daño a todos aquellos que han padecido abusos, procedan de quien procedan. Porque al final, es una perso...

Cómo mosquear al turista en una sola lección práctica

Era Jueves Santo. Bendito día, único de sol en toda la Semana Santa, que ha llovido y con ganas en casi todo el territorio. Era Jueves Santo por la tarde, y nos animamos a visitar Santo Domingo de la Calzada, movidos por el buen tiempo, y las ganas de visitar un par de exposiciones, una sobre la Catedral y otra sobre el Camino de Santiago. El comienzo de la visita fue muy bueno. Verdaderamente es una ciudad que pinta distinta si la ves en su trajín cotidiano, en lugar de verla disfrazada de bufón medieval en el mercado ídem allá por el puente de La Inmaculada. Con el optimismo y la buena fe que inspiran los buenos comienzos, buscamos las dos exposiciones. Bueno, era ya un poco tarde para aprovecharlas plenamente, así que con pesar desistimos. No obstante, y puesto que la Catedral sólo podía visitarse previo pago, y teniendo en cuenta la fecha que era, decidimos ir a misa de siete y media para escuchar el Evangelio y de paso, admirar la arquitectura que tan celosamente se guardaba tras ...

Saber leer

He llegado a la conclusión de que vivimos en un mundo donde la gente no lee. Entendiendo leer en el sentido más profundo del término, que no se limita a recorrer líneas con la vista como si nos fuera la vida en ello, sino que va más allá y se traduce en entender, disfrutar, analizar, vamos, en la cosa de entrar en materia. Para entendernos y utilizando un símil, es como cuando se dice que no es lo mismo oír que escuchar, o que para tener una buena digestión hay que masticar la comida. Pues con el asunto de la lectura pasa tres cuartos de lo mismo. Que hay que dedicarle su tiempo. A esta reflexión llego a resultas de los correos electrónicos. Es este un canal que yo utilizo bastante, porque es rápido, sencillo y cómodo. Pero últimamente me estoy dando cuenta que me están dando más trabajo del deseado, porque mis destinatarios no se enteran de su contenido, o se enteran a medias, y me veo obligada a reenviarlos, o a enviarles sms, o a llamarles. Total, que pierdo más tiempo. Al principio...
Incompetencia a raudales... No quisiera que fuera así, pero intuyo que mi blog se va a convertir en un hervidero de quejas y descripciones de los sinsentido a que nos vemos expuestos los ciudadanos, bien sea de las administraciones públicas, bien de las empresas con quienes nos relacionamos. En esta ocasión toca a las empresas de venta de muebles. No tengo queja hasta la fecha de la atención en tienda, lo cierto es que es impecable, con una dedicación exquisita. Tampoco es que se puedan quejar, vamos hasta con planito, con ideas más o menos claras y no nos gusta dar la turrada. Para más regocijo del comerciante, en nuestra última adquisición, pagamos a tocateja. Pobres ilusos, pensamos que así iría mejor la cosa. Pero no. La incompetencia a denunciar nos llega ahora desde Merkamueble. Hemos comprado una mesa. Una simple mesa de centro para nuestro salón. Que en principio iban a tardar diez días, pero la cosa se alargó. Vale, tenemos asumido que jamás cumplen sus plazos. Aunque si yo hi...

Vuelva usted mañana...

Por circunstancias que no vienen al caso, se produjo un error en la inscripción de nuestro reciente matrimonio en el Registro Civil. Tras iniciar el oportuno procedimiento de rectificación (y convencer a los funcionarios de turno de la naturaleza del error, un asunto básico de Primer Año de la carrera de Derecho) en el Registro Civil de nuestro lugar de residencia, contacto con el Registro donde se inscribió el matrimonio para interesarme por el estado del procedimiento, y me comunican que ya se ha resuelto y remitido para mi notificación al Registro del pueblo de residencia. Así que espero un tiempo prudencial (entendiendo debidamente y en su contexto el sentido de “prudencial”, esto es, en la administración de justicia), y puesto que no tengo noticias, llamo al Registro de mi lugar de residencia para interesarme por el tema y saber si les ha llegado ya. La funcionaria, muy amable, toma nota del teléfono móvil y se compromete a llamarme tan pronto reciban la notificación. De nuevo sig...