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¿Cuándo perdimos nuestro ADN emprendedor?

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En el marco de una conversación muy interesante mantenida hace unos días dentro de las actividades en las que estoy cada día más enfrascada para fomentar la ciudadanía activa y el emprendimiento en el ámbito de Getxo, se lanzó una pregunta al aire: ¿cuándo se perdió? Lo que se perdió fue la audacia, el arrojo, la decisión, la asunción de riesgos. Todas aquellas aptitudes que explotamos hasta la saciedad en nuestra infancia, ávidos de exploración y de conocer cosas nuevas. No teníamos miedo de saltar en el hinchable más alto, probábamos cualquier comida, tocábamos todo incluso lo intocable… Y si fracasábamos o nos dábamos cuenta que no era la mejor opción, buscábamos otras alternativas.   ¿Cuándo perdimos ese espíritu emprendedor? Nuestra interlocutora se lamentaba de la poca sustancia del alumnado universitario, aterrado ante un folio en blanco, incapaz de arriesgar, de sugerir, con pavor al fracaso y al ridículo. ¿Dónde se fracturó todo esto? Nos atrevería...

Un conentario sobre la final...

Mi hija grita Athleeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeetic Riau!! a todas horas, en cualquier esquina, como si le fuera la vida en ello. No para de apuntar con el dedo todas las ventanas (que son muchas), que aparecen jalonadas con las galas rojiblancas, en un loable intento de llamar a las hadas para que en las dos finales que tenemos en ciernes, una luz ilumine de nuevo esa gabarra (que por cierto, ¿dónde está?). Puedo llegar a entender que mi hija, que sólo tiene dos años, se empape hasta el duodeno de este delirio colectivo, por eso, porque sólo tiene dos años, y todo lo que sea fiesta, cánticos y divertimento, es lo más de lo más. De manera que es su ilusión, que conste, y no la locura de los vizcaínos de pro, la que mueve a sus progenitores a colmar sus ilusiones futboleras, cuando aún no tiene muy claro qué es eso del "fugbol". Ilusiones que se traducen en tener un body del equipo, y acudir el miércoles a la plaza de la estación a que le pinten de rojiblanco esos papote...