lunes, 9 de junio de 2014

5 reflexiones sobre el emprendimiento

Llevo ya unas semanas realizando el curso "ABC del emprendimiento esbelto", de la Universidad de Monterrey, a través de Coursera.

Además de la interacción con otros alumnos, y el reconocimiento de la distancia que me separa con el resto de compañeros, en su mayoría con otro tipo de propuestas alejadas de la que lleva tiempo rondándome la cabeza, tengo que reconocer que me está dando una nueva perspectiva a la hora de encarar esta inquietud que, por suerte o por desgracia, no deja de acompañarme pese al transcurso de los años.

Digamos que de todo lo que estoy viendo, me quedo con las siguientes sugerencias, para afinar la propuesta de valor y, sobre todo, no desfallecer en el intento:

1. Perserverar. Nadie dijo que esto fuera fácil. Las responsabilidades, los riesgos, las incertidumbres... son escollos en el camino que muchas veces nos resulta difícil superar. En suma, nos resulta complicado abandonar nuestra zona de confort. De ahí que desde mi punto de vista, sea importante perserverar en nuestra idea, seguirla trabajando, completarla...

2. Conocer a nuestro cliente. Arrullados por las loas al emprendimiento que llevamos escuchando mucho tiempo, parece que hay que lanzar productos y servicios a tutiplén, sin pararnos a pensar en el cliente. Este debe ser nuestro objetivo, antes, durante y después. Debe ser en definitiva quien nos ayude a moldear la propuesta de valor, para hacerla efectivamente valiosa.

3. Moldear nuestra propuesta de valor. Nuestra idea nos parece fantástica, y la defendemos como si fuera un hijo... Pero reconoce que todo es mejorable, y que el contraste con la realidad nos evitará muchos disgustos posteriores si somos moldeables a la crítica.

4. Reconocer el proceso por encima de la idea. Es innegable que hay ideas muy buenas, pero otras que en principio no lo son tanto terminan por ser éxitos extraordinarios. Detrás de todo esto hay una maduración, una progresión, un trabajo continuado para que esa idea se transforme, realmente, en un negocio de éxito.

5. Asumir la posibilidad de fracaso como un instrumento de aprendizaje. Vale, tengo una idea. Y si fallo, ¿qué? Los fallos, los fracasos, forman parte del camino. Aprendemos de ellos y construyen nuestra forma de ser y de pensar. Algo similar ocurre con nuestras ideas de negocio. Porque, al fin y al cabo, emprender no deja de ser una actitud ante la vida...

Estas son mis reflexiones. ¿Llegaré a algo después de todo esto? La verdad es que todavía no lo sé. Pero como he dicho antes, me cuesta mucho soltar esta manía mía de crear, participar, mejorar... Veremos qué pasa.