lunes, 18 de octubre de 2010

Las dos caras de una misma moneda

Está claro que el noble hecho de trabajar no tiene el mismo significado para todos, y como dicen que para muestra un botón, hoy me voy a cebar un rato con el gremio de los médicos, porque tengo a Leire con gastroenteritis y en estas situaciones es cuando a una se le hincha la vena en plan María Patiño.

Como os digo, resulta que ayer Leire comenzó a vomitar por la tarde, y como la primera la lanzó sin avisar, como suelen ser, y estábamos cerca del centro de salud de Castro Urdiales (del centro "viejo"), nos acercamos para que la examinaran de urgencia. Vaya por delante que a mí no me hace mucha gracia este servicio de urgencia, entre otras cosas porque no tienen pediatría en este caso, y te atiende un profesional que lo mismo examina la gota de un jubilado que los mocos de un recién nacido.

Total, que entramos, y nos atiende un fulano, por llamarlo de alguna manera, que más que un médico parecía un enterrador de la pinta de triste, rancio, amargado y soso que tenía el tío. Parecía salido de las pelis de Western que suele ver mi padre. Le cuento lo que pasa, y me dice que descubra a la niña para mirarla. A todo esto, Leire berreando como un cerdo en su San Martín, y yo nerviosa intentando desabrocharle el jersecito, tarea harto difícil ya que estaba empapado de vómito. Y el tío, sin inmutarse, que sentía yo su aliento de muerto viviente en mi espalda, y me estaban entrando unas ganas locas de calzarle un guantazo por insensible y luego tirar para Laredo o para Cruces. En lugar de eso le pedí a Agus que me ayudara.

Después, un exámen en plan Fernando Alonso, que casi me ahoga a la niña con el achuchón que le metió en la garganta. Todo para recetarnos un mucolítico, leche de Soja en lugar de leche materna (aquí es cuando concluí que era un inútil integral), y controlarle la fiebre.

Como Leire continuó vomitando, y mi agobio de madre primeriza me amenazaba in extremis, nos la llevamos a Cruces. Desde la persona de recepción, hasta la enfermera que nos recibió en la unidad de observación para ver cómo respondía a una toma de leche materna, pasando por la pediatra que nos atendió, todos, sin excepción, demostraron no sólo profesionalidad y conocimiento, sino una humanidad extrema, y un cariño y consideración que son fundamentales.

Y es que en toda profesión, pero entiendo que más en la médica, y aún más en la especialidad de pediatría, está muy bien ser el cojoprofesional digno de Nobel, pero sinceramente, si se es un petardo maleducado e insensible, pues no sé si compensa.

Por cierto, lo de Leire no eran flemas. Era gastroenteritis. El mucolítico, que se lo tome el enterrador, a ver si le anima un poco. Y la leche de soja, pues que le meta un chute con orujo, a ver qué tal. Todos con los que he consultado me han dicho que siga con mi teta. En ello estamos.

1 comentario:

t.garciaoviedo dijo...

Tu sigue con la teta Sonia. Es lo mejor del mundo mundial.

Y, ... ya se sabe, hoy por hoy, las y los médicos que saben de todo no existen. Claro cómo en el resto de profesiones!.
Teresa