lunes, 27 de julio de 2009

Cuidadito con Facebook

Por si las moscas... Guillermo Díaz nos avisa que Facebook ha decidido permitir a anunciantes usar las fotos colgadas sin nuestro permiso.

Para protegernos, hay que entrar en la página, pinchar en "Configuración", "Configuración de privacidad". Seleccionamos "Noticias y muro" y luego, donde dice "Anuncios de Facebook". En la lista desplegable, seleccionamos "Nadie".

Pásalo.

viernes, 24 de julio de 2009

Concentración en Bilbao, próximo 27 de julio.

Me hago eco de la concentración que tendrá lugar el próximo lunes, por el encarcelamiento de un "mantero". Esto me recuerda una sabia frase de un funcionario, usuario habitual en la aplicación de gestión en cuyo proyecto trabajo, que viene a decir más o menos aquello de que vale más robar un millón que una gallina, porque si robas un millón eres la leche y si robas una eres un ladrón...

El 3 de agosto de 2008 dos vecinos senegaleses de Bilbao, sin antecedentes penales y en situación irregular, son detenidos en Torrelavega porque en su bolsa llevaban Cds y DVDs Piratas.

El 5 de septiembre de 2008 el juez del Juzgado de lo Penal 2 de Santander les condena a 6 meses de prisión, 900 € de multa y mas de 650€ de indemnización a la SGAE.
El 27 de noviembre de 2008 la Audiencia Provincial de Santander confirma la condena.
Posteriormente el Juez del Juzgado Penal 2 de Santander sustituye la pena de prisión por la expulsión.
A principios de julio ordena el ingreso en prisión de uno de los condenados hasta su expulsión, a pesar de que ambos mantienen su domicilio y continúan yendo a firmar al juzgado todos los primeros y quinces del mes.
Profesores de derecho, jueces, fiscales y abogados consideran que tales medidas son desproporcionadas y que lesiona buena parte de los principios del Derecho penal en un Estado social y democrático de Derecho. Asociaciones de derechos humanos y de inmigrantes denuncian que es un modo de criminalizar la pobreza y subrayan que es una reacción tremendamente injusta. Incluso numerosos artistas han pedido que no se encarcele a estas personas en su nombre.
Sin embargo son cerca de un centenar los extranjeros que están en prisión por vender Cds piratas, sin contar los que han sido enviados a Centros de Internamiento.
Por eso, en este momento que un compañero está preso en la cárcel de Basauri y con motivo de la presentación de la solicitud de indulto para él y otro compañero convocamos a una CONCENTRACIÓN el próximo lunes día 27 ante la Audiencia Provincial de Bilbao (calle Barroeta Aldamar) a las 10,30 de la mañana e invitamos a todos los medios de comunicación a RUEDA DE PRENSA a las 11,00 en el mismo lugar.
Por la puesta en libertad del compañero encarcelado en la cárcel de Basauri. Contra el acoso por parte de las policías y las graves consecuencias que las denuncias tienen para las y los vendedores ambulantes de CDs.Por el indulto de todos los manteros condenados.Por la reforma del Código Penal y la despenalización de la venta para proporcionar la respuesta penal a su desvalor social en los delitos contra la Propiedad Intelectual.

plataforma para la defensa de los derechos de las personas migrantes - etorkinen eskubideen aldeko elkartea
SOS Racismo-Bizkaiko SOS Arrazakeria – Izangai – CEAR Euskadi
Personas de contacto:Oumar Kane 605123044; Patxi de la Fuente 663543797;habraundia@hotmail.com

miércoles, 22 de julio de 2009

No sin mi chipetera

Acabo de leer el post de Julián Inza sobre esto de las chipeteras a través de Administraciones en Red, y no puedo menos que sumarme a esta iniciativa a través de este post. Que está muy bien que haya avances tecnológicos, pero se podía trabajar de forma un poco más coordinada y con un sentido más "altruista" (uy, no sé si atreverme con esta palabra), para que el acceso a la tecnología sea realmente accesible y no implique soltar la panoja cada dos por tres...

miércoles, 15 de julio de 2009

La mala educación

Ya sé, ya, que de estas cosas no está llamado mi blog a hablar, pero es que me sublevo y al mismo tiempo de desespero. No sé si llamarlo mala educación, o falta de solidaridad, o individualismo recalcitrante o sencillamente, que somos peor que la más rastrera de las bestias. Y es que cuando miro a mi alrededor y observo y/o padezco esos pequeños y mezquinos detalles, no me extraña que muchos mueran en una avalancha humana por un desencuentro futbolero, que haya guerras fraticidas y todo lo demás que estamos acostumbrados (qué mal suena) a través de los medios de comunicación

Me voy a explicar con un ejemplo: martes, 12.00 de la mañana, en Vitoria con unos 25 gradetes. Salgo de una reunión, con la documentación en ristre y dispuesta a coger el flamante tranvía para acercarme a otra reunión, esta vez en Gobierno Vasco. Subo al tranvía, y todo ocupado. A todo esto, mi panza se empieza a notar. Algunos podrían pensar que son kilitos de más, que no tomo Activia de Danone o que me he puesto ciega a litros de agua. Pero no señoras y señores, obedece a que estoy embarazada de cuatro meses. Pues nada oiga, que no se levanta ni Blas. Y lo peor no es eso, porque al menos el personal podría tener la decencia de disimular, de mirar para otro lado, "oyequeyonomehedadocuenta". Pero no. La gente te mira fijamente a los ojos para valorar tu grado de mosqueo, y de paso para cotillear tu panza y todo tu aspecto en general. Y encima cuando se para el tranvía salen como alma que les lleva el diablo, y tengo que hacer auténticas hazañas para sortearles sin que la pequeñaja que lleve dentro se sobresalte demasiado.

Supongo que estas cosas pasan todos los días. Pero no por ello deja de ser vergonzoso. Por cierto, da igual la edad, el nivel de insolidaridad es algo congénito y da igual tener 16 que 61. En estas situaciones, todos actúan igual.

Que Dios nos libre de una guerra. Buf.

lunes, 13 de julio de 2009

¿Teletrabajamos?

Por razones preventivas durante estos meses de gestación, se me ha recomendado sutilmente trabajar desde casa, eso que se suele llamar "teletrabajar". Confieso que al principio era bastante reacia, porque eso de estar tú sola contigo misma durante tu jornada laboral, sin escuchar el ringring de los teléfonos ajenos ni los murmullos y/o comentarios de primera mano de los compañeros, ciertamente se hacía duro. Sin embargo, me está ayudando a llevar el embarazo de una forma muy agradable y aprovecho mucho más el tiempo de trabajo.

Esta alternativa me parece una muy buena opción para compatibilizar situaciones diversas en las que la vida personal puede chocar con esta manera esquizofrénica que tenemos hoy en día de llevar ciertas formas de vida profesional. Lamentablemente no es posible en todos los trabajos, y por este motivo de considero afortunada; aparte claro está de haber podido disponer de esta opción dentro de mi empresa. Las posibilidades de la tecnología son increíbles, y aún incluso entre compañeros más técnicos que yo, se hace difícil de entender que a 100 km de distancia pueda acceder a sus archivos, revisar aplicaciones o atender a usuarios tal y como si estuviera allí, en las oficinas de Miñano (Álava).

Teletrabajar supone un compromiso de confianza entre ambas partes, empresa y trabajador. En mi opinión es un paso importante a la hora de generar nuevos vínculos en la forma de hacer empresa y de participar en la empresa. En ocasiones es como si estuviera gestionando mi propio puesto, mi propia actividad, y me recuerda tiempos lejanos en los que tomé el paso de fundar mi propio negocio, con otros compañeros.

Teletrabajar sigue siendo trabajar. Aún incluso con mayor sentido de la responsabilidad que si estuviera físicamente en la oficina. Porque si allí alguno pudiera entender que ya cubre el expediente por apoltronarse frente a su PC hasta la hora del café, en mi casa asumo que tengo un compromiso mayor, una responsabilidad que tengo que mostrar en mi proyecto, por mis compañeros, por aquellos que han depositado esta confianza en mí, y sobre todo por mí misma.

Probablemente podría bajar a la playa, esa que veo desde mi ventana, y conectarme con mi portátil como vemos en los anuncios de Coca-Cola. También podría levantarme una hora más tarde o hacer muchas más cosas de esas que me comentan jocosos algunos y algunas a quienes comento mi nueva situación. Buf. Mal empezamos si cuando reclamamos flexibilidad y formas de compatibilidad personal-profesional, surge de inmediato esa picaresca tan castiza que echa por tierra cualquier intento de mejorar, empezando por estas pequeñas cosas.

jueves, 2 de julio de 2009

El proyecto de vivir

Ayer por la tarde tuve mi primer encuentro con ella en Bilbao. Me esperaba junto a la puerta de Bolunta con su carpeta clasificadora, de color azul, hablando por el móvil con voz queda pero firme, y tratando de identificarme con sus ojos claros, entre la gente que pasaba a esa hora.

En aquella carpeta azul se guardaban las líneas maestras de su proyecto, una empresa recién creada en Vitoria para vender productos de segunda mano, y que a tenor de los datos que me presentó, no tenía visos de ir mal.

Recopilando los datos que faltaban (fecha de nacimiento, hijos, cuándo llegó a España, cuándo obtuvo el estatuto de refugiada), fui reconstruyendo las piezas de su vida, que ella terminó de juntar con frases escuetas que en breve se tornaron en párrafos más largos, hasta que fue cogiendo confianza y vio en mí a alguien que también en su día fue emprendedora, y que quiere ponerse en la piel de los nuevos atrevidos de esta coyuntura tan difícil.

Sin embargo, me resulta imposible ponerme en su piel. Más que nada porque gracias a Dios mi vida no ha sido como la suya. Porque yo no he tenido que huir con mi marido y mi hija (ahora aún en mi vientre) dejando un trabajo y toda mi vida atrás. Porque no he tenido que vivir en una lonja a la espera de papeles que me autoricen a gastar legalmente los ahorros de toda una vida en una vivienda digna. Porque no he tenido que padecer el deambular de una puerta a otra de la administración solicitando ayudas, para comer, para dormir, para trabajar. Y porque en mi vida, lamentablemente, me encuentro muchas veces valorando cosas mucho más absurdas que el sólo hecho de estar viva.

Me resulta imposible ponerme en su piel porque no sé si tendría el arrojo de hacer lo que ella hizo, de hacer lo que ella está haciendo ahora. Porque admiro profundamente a estas personas, y me dan ánimo para seguir adelante en mi actividad voluntaria. Porque estar con ellos hace que sienta vergüenza de lo que cada día escucho con más frecuencia de boca de algunos miembros de mi familia, de los camareros de la cafetería donde he tomado esta tarde un pastelito, de los jubilados de turno que no dudan en avasallar a una embarazada para coger la última mesa libre: que si son unos mangantes, que si nos quitan el trabajo, que si ellas sólo están contigo por la pasta, y tantas y tantas tonterías más.

Ella era rusa y no era prostituta, ni mafiosa, ni ladrona agresiva. Es una madre de tres hijos que se levanta cada mañana con la ilusión de abrir su tienda y mejorar cada día para que sea su fuente de ingresos. Ella ha visto una oportunidad y la ha aprovechado, ha tocado puertas y lo está consiguiendo. Y ojalá lo consiga. Sus clientes subsaharianos que se desviven por comprar regalos a sus parientes a los que visitan en vacaciones prefiriendo esto a comerse un buen chuletón tampoco son camellos, ni carteristas, ni violadores. Es gracioso, le han devuelto ya dos veces el dinero que abonó de más al dar mal los cambios tras una compra. Me gustaría saber si un español de pro y con papelito en la cartera (dícese del DNI) lo hubiera hecho... Son personas como ellos los que hacen crecer las ciudades, y no los que se apalancan en su desgracia para vivir de lujo a costa de los demás poniendo a parir a todo el que se busca las habichuelas, sea de Cuenca o de Vladivostok.

Ya sé que he hablado de esto muchas veces, pero es que sigo escuchando las mismas tonterías día tras días. Y cada vez resulta más cansado intentar explicar la otra cara de la verdad, la que no nos cuenta la tele, la que pasa a diario. Porque sí, son muchos más los que trabajan o se esfuerzan por encontrarlo cada mañana que los que te mangan la cartera en la estación de metro. Porque para darnos cuenta de que entre tantos hay tanta buena gente no hace falta que uno pierda un brazo, o se chamusque el bigote salvando a una anciana de un incendio. Sólo hace falta despertar a la nueva realidad en que vivimos.