jueves, 11 de marzo de 2010

Al calor de la cocina

La maternidad trae consigo, además de panes debajo del brazo (con el permiso de nuestro ¿Gobierno?), un nuevo planteamiento y/o formas de ver y vivir las relaciones familiares. De pronto, todos subimos un grado en la escala de parentesco y, no sabemos muy bien por qué, las cosas empiezan a verse de una forma diferente. No es que sea un cambio radical, pero sí con la magnitud suficiente como para reflexionar, y ver este mundo tan raro con otros ojos.

Lo que sí que no cambia, es la cocina de la casa de mis padres. No me refiero a la estancia como tal, sino al concepto de cocina en cuanto que espacio de encuentro. Y es que el espíritu de este lugar de la casa, y por qué no decir de ella entera, lo da mi madre.

Todo empezó ya desde pequeñita, en el colegio, en la cocina de otro piso. Entre ropa colgada, y mi madre de acá para allá haciendo mil y un tareas, mientras yo veía la tele en una postura imposible, sentada sobre la encimera de la cocina, comentando lo que daban en la caja tonta y lo que me había sucedido en el cole. Siguió la cosa en la Universidad, básicamente lo mismo. Y después, durante la vorágine de mi proyecto empresarial. Y más aún, cuando ya estaba en Ibermática.

Todavía hoy, cuando paso temporadas en casa de mis padres disfrutando de la niña, para solaz de los abuelos y relajo de la madre (o sea, yo), la cocina sigue teniendo ese aquel. La tele ya no es la de antes, ahora es una mejor de pantalla plana. Y la estancia es bastante más grande. La ropa ya no está colgada de un extremo a otro de la cocina, mi madre tiene una secadora estupenda. Pero ella sigue haciendo mil y una tareas, en la cocina y en el resto de la casa. Y, no sé cómo se lo monta, pero me escucha, sigue con atención todos los capítulos de mi vida, incluso en los detalles más insignificantes. Y seguimos pasando horas nocturnas de charleta mientras la televisión canturrea, y nosotras picoteamos cacahuetes y mandarinas.

Supongo que el sofá del salón será mucho más cómodo. Pero no da el mismo calor.