miércoles, 12 de septiembre de 2012

Conciliar en tiempos de guerra

Con la que está cayendo, con los dimes y diretes sobre lo que va a pasar, lo que vamos (o podemos) (o nos dejan) hacer, con la guadaña de la crisis en definitiva rebanándonos el gañote cada vez que cruzamos la esquina, el inicio del curso escolar no se ha salvado del período de adaptación.

Recuerdo que en mis tiempos mozos íbamos al cole como jabatos, con nuestros pucheritos, nuestras lágrimas y nuestra pena contenida. Pero el horario no se perdonaba. Como mucho no se iba por la tarde, y eso solamente un par de días.

Pero mi hija Leire ha comenzado el viernes pasado con una sola hora, en la que alguno de nosotros tuvo que estar con ella. Y esta semana va a estar un par de horitas.

Muchos dirán que me meto donde no me llaman, y efectivamente no tengo ni idea de pedagogía. Pero es que en el caso de mi hija no sirve para nada. Sigue llorando igual, se aferra a mi mano como si estuviera pegada con Supergen, y mucho me temo que la cosa no mejorará cuando la semana que viene empiece el horario completo y se quede a comer y demás.

Lo peor no es que sirva para nada, al menos en mi opinión y en mi caso particular. Ocurre además que los padres tenemos que hacer cambalaches laborales para poder adaptarnos nosotros también. En unos casos coger vacaciones, en otros robar horas a la jornada laboral para recuperarlas después, y casi siempre, echar mano de conocidos o familiares (generalmente, los abuelos), para que nos salven in extremis.

Este cambalache creo que es en el mejor de los casos, y que serán muchos los que recurran a los abuelos full time durante todo el período de adaptación, ya que son muchos los que no pueden permitirse el vaivén de vacaciones ni jugar con la jornada laboral como si fuera el propio empresario. Y con la que está cayendo, aún menos.

Aunque sigo sin entender el sentido del período de adaptación (insisto, mi generación no la tuvo y no tenemos traumas de ningún tipo. Vale, ahora hay crisis. Pero quién sabe lo que les pasó a nuestros políticos y banqueros en su infancia...), no estaría mal una reflexión sobre el tema adaptación-jornada laboral-conciliación-productividad. Sigo pensando que la cuestión no está en trabajar más horas, sino en trabajar mejor. Y tal vez, si ese fuera el planteamiento de partida, a lo mejor podrían encontrarse soluciones más satisfactorias a esta situación.