lunes, 7 de abril de 2014

El que no corre, vuela... A ver si nos enteramos.

La semana pasada nos desayunamos el café con nuevos datos sobre nuestro nivel de borregueria a nivel de la OCDE. Esta vez era más humillante si cabe, porque aparte de saber que lo de la física cuántica en general no iba con nosotros, ahora van y nos dicen que lo de no saber hacer la o con un canuto es tan propio de aquí como la siesta.

Sin perjuicio de que este tipo de estudios habría que ver como se hacen (un poco extraño que justo esa semana dieran uno de los programas de "Comando Actualidad", centrado en los grandes valores que tenemos por aquí, esos que la mayoría de las veces toman las de Villadiego. No somos tan tontos, parece), lo cierto es que cuando escuché la noticia empezaron a encajar todas las piezas de mi reciente experiencia vital.

                       

Porque no es de recibo que para poder seguir contando con la confianza de un cliente tenga que certificarme en una serie de conocimientos que toman como base materiales formativos ya obsoletos, sin posibilidad de formación arguyendo su elevado coste, con el único propósito de tener el titulito y listo. Esa titulitis, enfermedad crónica de nuestro país...

 
...Y más sangrante aún cuando a escasos kilómetros, una institución universitaria que se perfila como referente en muchas cosas, ofrece un modelo educativo rompedor, basado en la capacidad de la persona, en el conocimiento por el mero hecho de serlo, en el ánimo de ser emprendedor como actitud ante la vida, aprendiendo y compartiendo, siempre. Un modelo educativo inspirado en Finlandia, que quiere agarrarse a las raíces del modelo cooperativo que tan buenos frutos dio en su momento, ese que no hace mucho, representaba sin duda nuestro hecho diferencial, nuestro valor añadido como país.

Dónde ha quedado todo eso, me pregunto. Dónde, cuando se ve tanta mediocridad, tanto conformismo, tanto miedo.

Tengo que confesar que salí de esa universidad literalmente anonadada, con la sensación de haber hecho un viaje astral. Sinceramente, con el colacao que se ve últimamente en nuestro entorno social y económico, ha sido todo un soplo de aire fresco que me ha reafirmado en mis convicciones. Y espero que no venga el gurú de turno a tirarlo todo por la borda.

Me complace saber que existen esos nodos del saber, vinculados de verdad con los que controlan de la educación en el resto del mundo, mientras el resto de los mortales del país de la boina y de la piel de toro en general esperamos con resignación a que pase la tormenta suponiendo ilusos, que las cosas volverán a su statu quo.

De ahí que entre otras cosas, no sepamos poner la lavadora o nos perdamos en el metro. Nadie nos enseñó a confiar en nuestras capacidades. Nadie nos enseñó que emprender no era (sólo) montar una empresa para sacar del hoyo a los que habían perdido los papeles hace mucho tiempo, esos que se hacen llamar con sorna, gestores de lo público. Era más fácil pensar que algún otro sabría resolvemos la papeleta.

viernes, 17 de enero de 2014

Reflexiones sobre el Community Manager



Mmmmm... Community Manager... Qué bien suena... Y ahora, ¿qué?
La omnipresencia del espacio digital en nuestras relaciones sociales y económicas, ha supuesto la irrupción de nuevas necesidades en las organizaciones a la hora de comunicar e interactuar, lo que se ha traducido en nuevos perfiles y roles profesionales.
Uno de ellos es el Community Manager, figura clave de la estrategia digital de una marca.

¿Quién es el Community Manager?

Es el responsable de mantener una buena imagen de marca en el ámbito digital en general y en los medios sociales en particular, controlando situaciones de crisis y con capacidad para reconducirlas e incluso sacar partido de ellas. En suma, es quien preserva la imagen digital de la compañía.

¿Qué se supone que tiene que hacer?
Son muchas las tareas que realiza a diario un Community Manager, pero podemos agruparlas en 5:
  1. Crea, gestiona y programa contenidos: es la tarea que más tiempo le puede llevar, supone rastrear fuentes fiables para mantenerse actualizado y poder suministrar información de referencia. Resultan útil para esta tarea herramientas como Flipboard o Hootsuite o ser hábil en dinámicas como mapas mentales o técnicas de lectura rápida.
  2. Monitoriza los medios sociales: interaccionar y atender al cliente son claves. Tenemos que ser empáticos, participar, ser proactivos y motivar a nuestra comunidad, para aumentar los niveles de engagement de la comunidad con la marca, y prevenir o solucionar situaciones de crisis que pueden llegar a producirse en los medios sociales.
  3. Escucha, escucha, escucha…: muy relacionado con lo anterior. Practiquemos de manera constante una escucha activa para filtrar la información relevante y detectar todo lo que permita el engagement de las comunidades virtuales. Se trata de participar en las comunidades, comprometerse con ella y motivar a los prosumidores.
  4. Analiza los resultados, valorando todo lo que se hace en los medios sociales para identificar desviaciones o puntos críticos y reconducirlas a tiempo. Así mejoraremos la estrategia de marketing que estamos siguiendo.
  5. Cura contenidos, identificando los más atractivos para su comunidad. Existen para ello diferentes herramientas: PostPlanner o Ready4Social.
Todo ello, atendiendo los requerimientos legales que implican sus funciones. Ya que, como toda actividad, la del Community Manager también está sujeta a unas normas y sus actuaciones pueden tener consecuencias legales. Cuestiones como la protección de datos, los derechos de autor, la adecuada regulación de concursos y sorteos promovidos en medios sociales, o la gestión de contenidos en las comunidades para evitar incurrir en infracciones de índole penal (como pueden ser injurias, calumnias o amenazas), deben ser tenidas muy en cuenta a la hora de ejercer las funciones que le corresponden.
Y en consonancia con la estrategia de marketing offline de la marca, y en colaboración transversal con el resto de Departamentos.


Y todo esto... ¿en qué se resume? Echa un vistazo a este vídeo que seguro que te lo aclara más que yo
ruborizado


¿Y qué aporta su actividad a la marca para la que trabaja?
Porque hasta ahora parece que todo ha ido muy bien sin él... ¿o tal vez podría haber ido mejor?
En un momento como el vigente, donde el entorno digital crece exponencialmente e impone su ritmo al conjunto del modelo social, político y económico, figuras como la del Community Manager y otros roles asociados, contribuyen a poner a las marcas en el lugar que les corresponde, humanizando la prestación de productos y servicios, y facilitando una interacción con el prosumidor de posibilidades hasta ahora desconocidas.

Y si te has quedado con ganas de más, te recomiendo que eches un vistazo a esto:
What a Community Manager is not
Qué es un Community Manager
6 funciones universales del Community Manager
10 secretos para ser un buen Community Manager

* Post elaborado para el curso de Community Manager de Fundación UNED.

lunes, 16 de diciembre de 2013

En España la gente se muere de hambre

Cuando todavía está en boca de todos el asunto de la comida caducada, que si se va a cambiar la fecha en los productos, que si Arias-Cañete la come cual baño de Fraga en Palomares y aquí no pasa ná, va una familia y se muere en Sevilla por comer comida en mal estado.

Esto se veía venir.

Me duele decir que vivo en un país donde la gente se muere de hambre. En un país donde al final, la desesperación es tan mayúscula, que aquí tonto el último y el que venga detrás que arree. Seguimos sin aprender la lección. Seguimos en medio de nuestro individualismo feroz. Sin saber que un día puedes ser tú el que coma un troncho de carne podrida porque no te llega para más, y la casques en medio de la calle. Tranquilo, nadie se habrá parado a ayudarte antes. Te habrá esquivado tal vez. Los mismos que luego, se echan a la calle como plañideras para reclamar más ayudas y quejarse a manta. 

La gente ahora se ha echado a la calle indignada por esta familia que en el extremo de su desesperación ha muerto porque querían comer. Porque querían dignidad. ¿Dónde estaban esos que salen protestando cuando esta familia tenía hambre? ¿Cuánto durará esta protesta? ¿Lo mismo que el nivel de sensacionalismo? ¿Tendremos otra sucesión de programas de denuncia que veremos mientras zampamos nuestra cena, meneando la cabeza con una mezcla de resignación e indignación? Todos somos culpables de la terrible situación a la que se ha llegado. Las instituciones, por su cruel indiferencia. La ciudadanía, también. Al final, seguimos sin aprender nada.

Nos quejamos mucho, pero hacemos poco.

No solucionamos nada con ayudas sociales que callan conciencias pero que no contribuyen a crear una estructura sólida de empleo y formación.

No solucionamos nada por protestas que se quedan ahí un par de días, y luego cada mochuelo a su olivo.

No solucionan nada unas instituciones que han perdido completamente el norte de lo que significa hacer política. Que apestan corrupción allá donde mires. Que no tienen ni idea de lo que hay que hacer para recuperar la dignidad como sociedad.


Se puede contribuir a cambiar todo esto, ser conscientes de que la crisis ha llegado para quedarse, mucho tiempo tal vez. Y que para cambiar este modelo productivo están trabajando ya muchos ciudadanos y ciudadanas, que apuestan por un modelo de economía social y sostenible que reta a los mercados, a la banca y a las grandes empresas. Que apuesta por el comercio local. Que apuesta por las nuevas tecnologías como elementos accesibles para el crecimiento y el empleo. Que apuesta por la solidaridad (qué gran lección la del Banco de Alimentos hace pocos días). Que se niega a enquistarnos en la mendicidad y reclama una educación de calidad, donde la investigación, la innovación y el emprendimiento se graben a fuego en las aptitudes de nuestros hijos. No más borregos.

Son importantes las ayudas, sería una necia si lo negara. Pero salgamos del espejismo. Lo que hemos vivido hasta ahora NO va a volver. Y se empeñan en que todo siga como entonces. Porque les interesa. Porque los pelotazos molan. Pero solamente para algunos. La cultura del pelotazo nos ha dado una muy gorda en la cara. A ver si espabilamos.

Y en ese barrio sevillano, a por todas. Evitemos una nueva vergüenza como esta. Aprendamos a construir una sociedad solidaria y vital. La marca España somos nosotros con nuestras conciencias. Ese es nuestro auténtico valor. Trabajemos por ello.
 

domingo, 3 de noviembre de 2013

... Y al final, nos ahogaremos juntos.


Todavía sigue apareciendo en los medios de comunicación la escalofriante noticia de los inmigrantes fallecidos de sed en pleno desierto de Níger, abandonados a una suerte, que por lo general, y por desgracia, no suele ser muy buena.

Mi mente se resiste a profundizar en el espanto y el horror que ha podido suponer esta situación, que se une a tantas otras (Lampedusa, Melilla...)... Tantas ya, que en muchos está haciendo demasiado callo y poca mella.

Este fin de semana he desayunado con la noticia de que Interior está poniendo cuchillas en la valla de Melilla para frenar los intentos de escapada hacia un teórico mundo mejor. Me sorprende que a estas alturas, con todos los muertos que llevamos ya, con tan pocos resultados, con tan pocas expectativas, las soluciones que se pretendan sean tan obtusas, tan escabrosas, tan salvajes.

¿Realmente alguien es capaz de pensar que las cuchillas, el desierto, el hacinamiento, la muerte... pueden frenar los instintos de supervivencia del ser humano? ¿Es que no hemos tenido ya una ración suficiente de muertos para pararnos a pensar qué se puede hacer? Los que se suponen que piensan en estas cosas se reúnen y reúnen, pero el aletargamiento mental les impide ver más allá de sus poltronas y sus fronteras, y las decisiones que se toman son vacías y sin contenido. No son soluciones. No sirven. Empeoran la situación.

Ya no hay fronteras. No lo dice Internet. No lo dice Obama y su espionaje (que no es el único, no nos engañemos). Lo llevan diciendo desde hace años los millones de personas que sucumben en la miseria provocada por el mundo desarrollado (permitidme que lo ponga en duda), y que intentan escapar de la pobredumbre de las que nos beneficiamos en los centros de consumo. Sin mucho éxito.

No hay más fronteras que las que ponemos nosotros con nuestra estrechez de miras, sin darnos cuenta que cada cuchilla, cada alambrada, cada redada, no es más que una piedra lanzada contra nosotros mismos. La crisis que padecemos ha dejado bien claro que este modelo no es el ideal. No es ni siquiera un modelo. Y los esfuerzos no deben ir encaminados a volver a como estábamos antes, sino a mejorar la situación.

Porque mientras no coparticipemos todos juntos del desarrollo equitativo y solidario del planeta, nada ni nadie va a parar esta marea. Hasta que la ola sea tan grande que nos ahogue a todos.

jueves, 3 de octubre de 2013

Hemos progresado? De verdad?

Permitidme que lo ponga en duda. No creo que hayamos mejorado tanto como nos venden. Al menos, no en materia de igualdad, reconocimiento de identidades y paridad de roles.

Para ello me baso, como no podía ser de otra forma, en conversaciones mantenidas directamente ya con mis hijas, o bien en charlas entre peques de las que he sido oyente de excepción. Porque es con los más pequeños de la casa con los que mejor aprendes.

Caso número 1.
Mi hija ya presume de novio. Y no tiene aún cuatro años. Esto ya de por sí da para otro post que me lo tengo que pensar. Al tema. Va mi padre a la sazón su aitite y le vacila diciéndole que el es el novio de su novio. Y mi hija se enfada.

Total, que ya en casa, y sin venir a cuento, me suelta "aitite no puede ser novio de Ander. Porque los chicos no pueden ser novios de chicos, sólo de chicas"

Caso número 2.
Mis hijas jugando en el parque. Tiene un enorme barco pirata de madera para subir y bajar por los toboganes. Leire (la del novio), sube a "cubierta", y mi marido le dice " aquí está la capitana". Y un niño que está al lado nos dice "no, el capitán soy yo porque las niñas no pueden ser capitanes". Comentarios sobre quien es capitán cuando uno se casa y demás comentarios jocosos.

Jajaja???

Y yo, ojoplatica.

Porque vamos a ver, ya estoy en la cuarentena ( como suena), pero de momento no me ha afectado a la memoria. Y ni por palabras ni por actos, nuestras peques pueden haber aprendido esto en casa.

Entonces, que pasa? Dónde aprenden estas cosas? Me resisto a creer que sea algo genético. Tanto dinero que se supone invertido, tantas leyes, tantos realities, tanta historia... Y al final, seguimos con los mismos clichés de siempre? Es que este tipo de cuestiones no se pueden normalizar ab initio? O hay que aprenderlas, siempre, en la estupidez de la adultez y a tortas?

En fin, lo dicho, ojoplatica.

martes, 10 de septiembre de 2013

¿Qué pasa con los funcionarios?

Muchas veces me pregunto cuál es realmente el sentido del trabajo que realizo, desde mi posición de consultora de negocio, orientando a los funcionarios en lo se supone debe ser una mejora en sus formas de trabajar.

Conversando con ellos en reuniones, por teléfono, etc., me queda muchas veces la sensación de que se dejan llevar por la inercia. Quiero decir con ello que asumen los cambios tecnológicos y de procedimiento que se les plantea como una imposición que llega de arriba, sin entender realmente la mejora que pudiera representar en su actividad diaria.

Y entonces se te queda una cara de panoli impresionante, sobre todo cuando una va convencida de las bondades de lo que hace, y el destinatario de las mismas ni de lejos las considera como tales.

No es la primera vez que hago esta reflexión en este espacio, y a más de uno le va a parecer que necesito acudir al diván. Pero es que a estas alturas de la película, cuando parece que se ha trabajado tanto en pos, no sólo de la renovación tecnológica de las administraciones, sino también (y creo que esto es lo verdaderamente importante) por la concienciación de su personal de la necesidad de este cambio, me encuentro con que de toma de conciencia poca cosa. Y de resignación, mucha mucha. Y ya no sé si es que siempre me tocan los mismos a mí y que existen muchos avances que se me escapan, o que sí, que la realidad es esa, que no se adaptan.

De manera que si por el lado del ciudadano, la impresión que se tiene de la administración no es precisamente la mejor, especialmente en estos tiempos de recortes y poca hucha. Y si por el lado de los que trabajan dentro, la resignación abunda y parece que simplemente se dejan llevar, esperando que toque la campana de la jubilación, yo me pregunto, ¿hacia qué administración avanzamos, sea electrónica o con taquígrafo? ¿Realmente ha servido de algo el trabajo realizado hasta ahora, más allá de la constitución de unos cuantos foros de debate, encuentros, grupos de trabajo, etc.? Que me parecen muy interesantes, pero siempre me queda la duda de si es cosa de un conjunto limitado de personas, y que la traslación REAL de estos resultados y sobre todo, de estas sensaciones queda muy, pero que muy atrás de las expectativas iniciales.

Sería una verdadera lástima que los interesantísimos análisis existentes desde distintos frentes, acerca de cómo mejorar el servicio público, desde ambos lados de la prestación, quedaran en papel mojado porque no hay iniciativas que permitan una adhesión consciente del personal técnico a este proceso de cambio. Creo que la vía para conseguirlo no está (al menos no sólo) en formación y más formación sobre el tema, sino en una aproximación valiente y comprometida a la persona, tener en cuenta sus dudas, sus miedos, para abordar una dinámica de gestión del cambio verdaderamente efectiva.


lunes, 26 de agosto de 2013

Retorno

Hoy nos hemos reincorporado a la vida laboral

Todos.

Agus y yo.

Y también las peques.

Es lo que tiene esta vida que llevamos, y de la que nos sentimos profundamente afortunados, con la que está cayendo, y es que todos, sin excepción, contribuimos de una u otra forma a la estabilidad familiar. Algunos currando como podemos. Otros, en su más tierna infancia, aguantando estoicamente madrugones y rutinas que no les corresponde aún.

Más de una vez he pensado que si alguien inventara una máquina capaz de analizar y sintetizar esa capacidad de los niños para adaptarse a los cambios, otro gallo nos cantaría a nosotros que nos consideramos adultos y aptos para las decisiones de alto nivel.

Pero no se inventa, no...