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Mostrando las entradas etiquetadas como maternidad

El ritmo slow del reposo obligado

De nuevo, estamos embarazados. Una excelente noticia pese a los comentarios inoportunos y sorprendentes de algunas personas, que me hacen pensar, una vez más, en el atrevimiento del género humano, asociado de manera proporcional no sé si a la supina ignorancia, a supuestos aires de grandeza o, sencillamente, a una sonora falta de educación. Dejando aparte este pequeño detalle, pero del que tenía necesidad de desahogarme en este grato diván que para mí es este blog, doy la noticia también de que estamos ya en nuestra segunda amenaza de aborto. Un susto tremendo que de momento no ha ido a más pero que me está obligando a guardar un estricto reposo. En momentos como estos, de posición horizontal cuasipermanente, tengo tiempo para muchas cosas. Por ejemplo, para ver la televisión. O mejor, para no verla. Porque aunque parezca increible, con tanta TDT, tantos canales, tantos programas, no encuentro nada que merezca la pena. Nada. Sólo me refugio de vez en cuando en los telediarios, y en...

Cuánta guerra damos las madres...

Los lunes es lo que tiene. Además de madrugar después del fin de semana, nos azota con noticias un poco sorprendentes, pero no por ello terribles y lamentables. Hoy nos dicen que una de cada cuatro empresas no contratará madres este año, porque dicen que son (somos) poco flexibles y más propensas a quedarnos desfasadas. A mí esto de las generalizaciones me saca un poco de mis casillas, y es que en esta vida todo es relativo. Decir que una madre es poco flexible es casi tanto como decir que los burros vuelan, porque creo que pocas personas tienen tanta capacidad de flexibilidad como los padres y las madres. Porque de repente con esto de la m(p)aternidad, te salen más brazos, más piernas y más ojos, estás a todo lo que se mueve, trabajas, cuidas a los peques, atiendes a la familia, a la pareja. Y yo creo que lo hacemos bastante bien, porque de otra forma, esta sociedad se hubiera ido al garete hace ya unas cuantas décadas. Lo del desfase, pues más de lo mismo. Tener churumbeles agarr...

Un añito

Hoy hace un año que te tuve entre mis brazos, por primera vez. Unida aún a mí por el cordón umbilical, trepaste como una culebrita por mi panza aún prominente, y te enganchaste a mi teta como lo más normal del mundo. Parece que fue hace nada; sin embargo, ya han pasado 365 días. Y, aunque parezca mentira, es como si hubieras estado siempre conmigo. Algo de eso hay, porque como dice Agus, la realidad es que siempre has estado conmigo, pero hacía falta su chispita para que vieras la luz, e iluminaras así nuestras vidas. Confieso que este primer año no ha sido fácil, y sigo sin entender muchas de las cosas que pasan, como supongo que también te sucede a tí. Al principio fue un caos total, no estábamos preparados para un cambio tan brutal. Llegaste de repente y aunque te esperaba desde hacía 9 meses, ni por asomo podía imaginar que una cosa tan pequeñita pudiera absorber, absolutamente, todo mi tiempo. De repente dejé de ser Sonia, y me convertí en Soniamadre. Un título com...

HARTA

Pues sí, estoy harta. Estoy harta de tener que dar explicaciones constantemente sobre una serie de cuestiones que afectan strictu sensu a mi vida personal y más en concreto a mis habilidades como madre. Que vale que sea madre primeriza, pero para Leire, mi hija, soy su única madre, y por tanto y por las capacidades que el título me confiere, la única con cierta autonomía, junto a su padre, en su educación y velo. Y es que estoy hasta las narices, por decirlo de manera suave, de tener que explicar hasta cuándo pienso dar teta. Estoy harta de escuchar eso de "mi amiga Piluchi le dio teta hasta que tuvo cuatro años". ¿Y? ¿Dónde está el problema? También estoy harta de tener que escuchar tonterías del pelo de "hay que llevar a los niños a la guarde porque así se inmunizan, y además, se socializan". Pues nada, todos a apechugar como campeones, a lastrar ellos patologías cuasi permanentes y nosotros, los padres, una angustia vital, por el prurito de llegar a ese gra...

Las dos caras de una misma moneda

Está claro que el noble hecho de trabajar no tiene el mismo significado para todos, y como dicen que para muestra un botón, hoy me voy a cebar un rato con el gremio de los médicos, porque tengo a Leire con gastroenteritis y en estas situaciones es cuando a una se le hincha la vena en plan María Patiño. Como os digo, resulta que ayer Leire comenzó a vomitar por la tarde, y como la primera la lanzó sin avisar, como suelen ser, y estábamos cerca del centro de salud de Castro Urdiales (del centro "viejo"), nos acercamos para que la examinaran de urgencia. Vaya por delante que a mí no me hace mucha gracia este servicio de urgencia, entre otras cosas porque no tienen pediatría en este caso, y te atiende un profesional que lo mismo examina la gota de un jubilado que los mocos de un recién nacido. Total, que entramos, y nos atiende un fulano, por llamarlo de alguna manera, que más que un médico parecía un enterrador de la pinta de triste, rancio, amargado y soso que tenía el tío....

Héros anónimos en un mundo por conciliar

Hoy me gustaría dedicar unas líneas a esos seres anónimos, tan fuertes y frágiles al mismo tiempo, que son los abuelos y abuelas; esas personas que un día, de repente, cambiaron de título parental, y para nosotros los hijos adquirieron un rol si cabe aún más importante que el de padres, pues especialmente en estos momentos, no sólo cuidan de nosotros (no me pesa decirlo, les necesito anímicamente más que nunca... Además de por las croquetas de mi madre, claro, pero esa es otra historia), sino de nuestros pequeños tesoros, nuestros hijos. En un mundo que se llena la boca de términos a todas luces vacíos de contenido en la práctica, como por ejemplo, se me ocurre, la conciliación laboral y familiar, contar con abuelos en plenitud de facultades es una auténtica suerte, y un soplo de sosiego para nosotros, padres primerizos del siglo XXI, expertos en feisbuk y demás 2.0, pero nulos totales a la hora de organizarnos en algo aparentemente tan sencillo como cambiar un pañal y poner la lavad...

Maripuris

Me dice una buena amiga que quiere poner en marcha un espacio para las nuevas maripuris. Esas que, como yo,han sumado un nuevo título en su vida, y además de mujeres, esposas, y trabajadoras fuera (y dentro) del hogar, son también madres. Y encima, primerizas, ainsss... Confieso que el término maripuris lo he utilizado muchas veces en tono jocoso, para hacer referencia a esa especie, hombre o mujer, que vive entre el Hola y el Diez Minutos, que disfruta con la Esteban, y que escucha Radio Nervión para salir de vez en cuando quejándose de los adoquines-geiser de las calles, pidiendo una canción, o anotando el teléfono de la aspiradora Mercedes (oloquesea). Sin embargo, la reflexión de esta gran amiga me ha hecho pensar. Como casi todo lo que me plantea. Porque qué gran vocablo, "maripuris", que no sé yo si hay alguna palabra de las que hoy circulan, que englobe tantas y tantas formas de vivir esto que dicen que es "ser mujer" (aparte de lo de las nubes y demás gi...

El cambio

"Te cambia la vida, ¿no?" Gran frase que he escuchado esta tarde en conversación telefónica con una vieja amiga, que fue a Madrid a encontrarse a sí misma y encontró trabajo, marido y ahora, un bebé en camino. Y claro, ahora es cuando empieza a preguntarse esas cosas... Sí amiga, la maternidad te cambia la vida. No sé si a mejor o a peor, es todo tan relativo... Si lo ceñimos exclusivamente a los miedos que me comentas, uséase, que según te han dicho el primer mes es espantosodelamuerte (siento decepcionarte, cada mes tiene su cosilla), que hasta los seis meses no vais a poder viajar (¿einnnnn?), etc., etc., etc., pues hombre, sí, para qué te voy a engañar, a mejor a mejor, pues como que no. No es plato de gusto dormir poco, comer de aquella manera, pasear como Fernando Alonso porque si no se despierta y la enana (en mi caso) berrea como si estuviera poseída, tener que comer en un restaurante a turnos para sujetarla, porque no aguanta en el cochecito, estar preocupadísima p...

Al calor de la cocina

La maternidad trae consigo, además de panes debajo del brazo (con el permiso de nuestro ¿Gobierno?), un nuevo planteamiento y/o formas de ver y vivir las relaciones familiares. De pronto, todos subimos un grado en la escala de parentesco y, no sabemos muy bien por qué, las cosas empiezan a verse de una forma diferente. No es que sea un cambio radical, pero sí con la magnitud suficiente como para reflexionar, y ver este mundo tan raro con otros ojos. Lo que sí que no cambia, es la cocina de la casa de mis padres. No me refiero a la estancia como tal, sino al concepto de cocina en cuanto que espacio de encuentro. Y es que el espíritu de este lugar de la casa, y por qué no decir de ella entera, lo da mi madre. Todo empezó ya desde pequeñita, en el colegio, en la cocina de otro piso. Entre ropa colgada, y mi madre de acá para allá haciendo mil y un tareas, mientras yo veía la tele en una postura imposible, sentada sobre la encimera de la cocina, comentando lo que daban en la caja tonta...

La maternidad y los modelos de organización.

Puede parecer a primera vista, leyendo el título de este post, que vuelvo a repetirme como el ajo, que la maternidad me ha abducido, que ya no pienso en nada más que en pañales, horarios de tomas y escatologías varias. Pero no. La cuestión es que, viéndome en la nueva situación de atender a este personajillo nuevo y darle cabida en mis actividades diarias, me he visto en la necesidad de cambiar mis hábitos, mi orden de prioridades, mi esquema de organización. Vamos, que me estoy adaptando. Y en esta adaptación me he dado cuenta que las veinticuatro horas que tiene el día pueden dar para mucho, y eso que en principio puede parecer que se quedan en nada, entre que sacas la teta, esperas que se duerma o que no se queje, etc. etc. Porque la cuestión es organizarse. Porque en los 60 minutos que tiene una hora puede dar tiempo a mucho, si te lo montas bien. Y hete aquí que estaba yo pensando que esta necesidad de cambio, que sin duda espero será para bien, podría aplicarse a muchos modelos...

Matriuskas

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Desde que he iniciado el permiso por maternidad, y más en concreto cuando he tenido que enfrentarme a la nueva situación sin contar con el apoyo de Agus, mi marido, no deja de rondarme por la cabeza la figura de las matriuskas rusas. No me preguntéis por qué, pero se presentaron de repente en mi pensamiento y no consigo quitármelas de encima. No me detengo a explicar qué son estas figuritas. Tampoco es que tenga amplios conocimientos de su origen y significado. Pero su nombre es rotundo, tiene un principio y un fin, es un sustantivo que da la sensación que lo encierra todo. Matriuska. Y en realidad, encierra en sí misma muchas otras figuritas iguales hasta llegar a la más pequeña de todas ellas. En mi situación actual, y supongo que no será por la depresión post-parto, la figura de la matriuska cobra para mí todo su sentido en cuanto que representación de la mujer. Esa que es capaz de parir y atender a su pequeño pese a su estado (unos más lamentables que otros). Esa que además,...