viernes, 9 de septiembre de 2011

Innovación y humanidad

Últimamente nos llenamos la boca con discursos que hablan de competitividad, de profesionalidad, de innovación en el puesto de trabajo, y blablablabla. Me pregunto si alguien se ha planteado la necesidad de añadir a todo esto, importante sin duda, la humanidad, la amabilidad y la corrección en el trato con el cliente, con el usuario, con el ciudadano.

Y es que si con esto de la crisis a más de uno se le amarga el carácter en el sector privado, qué decir de la cosa pública, que lastra ese sambenito de necesitar all-bran a mansalva para superar ese trato que muchas veces recibimos con desidia, descontento y amargura, cuando deberían estar echando cohetes por el mero hecho de disfrutar de un puesto de trabajo.

Este prolegómeno viene a cuenta de un susedido (otro más), que me ha acontecido con Osakidetza, esta vez con la pediatra de mi hija Leire. Resulta que la peque anda estreñida, intuyo que como la señora pediatra que le han asignado, y en la confianza de que me aconsejaran algún tratamiento, acudimos a la profesional. Inicialmente no dudé de su competencia como profesional médico, pero el trato la verdad es que dejaba bastante que desear, con comentarios despectivos para con mi hija, que no paraba de quejarse en una mezcla de incomodidad y mimos por la situación. Señora, para llamar "srta. pepis" a mi hija me basto yo solita. Y si le molestan sus lloriqueos y se queja de que le van a martillear la cabeza el resto del día, pues trabaje en un cementerio, que ahí poco ruido va a tener.

Para colmo, después de dos días intentando que la peque orinara en unas bolsitas que se adhieren a sus genitales (que digo yo que agradable no será, andar pegando y despegando bolsitas de plástico en esa zona, que son bebés, pero no gilipollas), para hacer una prueba, resulta que como les da un resultado dudoso me dan a mí las bolsitas, unas jeringas y unos tubos para que haga lo propio en mi casa y les lleve el resultado para enviarlo a Cruces. Y nada, que la niña no mea. Y yo que le llamo por teléfono para ver si sigo con las bolsitas de marras y les llevo la analítica directamente al hospital. Y van a me dicen que bueno, que a lo mejor no tiene nada en la orina, y que sí, que a lo mejor es estreñimiento, que la vigile el fin de semana.

Yo me pregunto si a la hora de preparar las oposiciones de Osakidetza hay que superar alguna prueba de adivinación o así. Más que nada porque la pediatra ni siquiera ha tocado a mi hija, lo único que ha hecho ha sido remitirme a la enfermera para que le colocara las bolsitas, amén de escuchar sus comentarios absurdos sobre los lloros y quejas de mi hija.

Si no existe esa prueba, yo propongo otra. Una que compruebe la capacidad de tratar con respeto, amabilidad y cariño al paciente. Que bastante mal lo pasamos ya con nuestros achaques, y más siendo tan peques, como para encima tener que aguantar los malos rollos de los que nos atienden. Y si no, que se dediquen a otra cosa, no sé, por ejemplo, a la recogida de la uva...