martes, 23 de noviembre de 2010

La A8 y sus atascos matinales

Hoy voy a quejarme en plan los tipos que llaman a Joseba en Radio Nervión los domingos por la mañana.

Y es que ya van dos días que tardo una media de un par de horas en llegar al trabajo. Dos horas de media de interminable espera, embrague-primera-embrague-primera, que una ya no sabe qué hacer en el cubículo del coche: cambio la emisora "n" veces, me como casi todo lo que acompaña el tupperware excepto el contenido de este último (más que nada porque hay que calentarlo), miro a los coches de los carriles adyacentes, miro los móviles de reojillo, resoplo, miro el reloj de pulsera, vuelvo a resoplar. Y me desespero.

Ya sé que no gano nada con estos mosqueos, más que un historial de mala sangre que no puede ser bueno para mi salud en la ancianidad, pero es que es desesperante. Me pregunto si alguien se ha parado a pensar en la cantidad de horas de trabajo que hemos perdido, en la cantidad de dinero que se pierde diariamente con estos atascos. Supongo que es responsabilidad de todos, empezando por los conductores; pero si los accidentes tienen lugar casi siempre en los mismos sitios, a lo mejor es que lo que nos tenemos que mirar son nuestras redes viarias. No sé, es una idea.

Por otro lado, y mira que jamás pensé que diría esto, pero es que yo vivo en Castro Urdiales y la verdad es que cuando por esa  zona se produce un accidente, la Guardia Civil te aligera el carril con bastante alegría, que no sé yo si serán las reminiscencias subliminales que nos traen los tricornios, pero parece que la cosa funciona. A lo mejor otra solución puede ser cambiar (otra vez), los uniformes de los Ertzainas. O eso, o hacer un brainstorming entre todos los cuerpos policiales, aprovechando el momento de talante (je), para ver si intercambiamos experiencias y mejoramos un poquito la gestión de este tipo de problemas.

Pues nada, que me he quedado muy a gusto con la queja. Probablemente mañana tendremos otra porrada de accidentes y seguiré con la misma tónica dentro de mi cubículo, pero al menos esta noche dormiré más relajada. Y si encima lo lee alguien de los que pueden decidir, y sirve, pues mira tú qué bien.

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