martes, 19 de julio de 2011

Quitar la venda de los ojos

Recientemente he terminado de leer tres interesantes muestras de documentos-denuncia, llamados a abrir los ojos de la sociedad, aún bastante aletargada, en mi opinión. Estos son, el Indignaos, de Stephane Hessel, el Reacciona, de varios autores españoles, y el Delito de Silencio, de Federico Mayor Zaragoza. En todos ellos salen a la luz multitud de cuestiones que resultan indignantes, escabrosas, inmorales, indecentes, que deberían llevarnos a todos a levantarnos y alzar nuestra voz.

Me ha llamado particularmente la atención la denuncia que se realiza del papel de los medios de comunicación. De todos es conocido el patetismo de, especialmente, nuestra televisión, pública y privada, que lejos de convertirse en un canal de comunicación independiente, se ha convertido en un poder inapelable, en manos de los políticos y oligarcas de turno, que de esta forma moldean a su gusto nuestros estados de opinión. Hasta ahora no me había dado cuenta, pero llama la atención que, con la que está cayendo, los titulares de un telediario cualquiera a las tres de la tarde sea el calor que hace en el sur y el frío que hace en el norte, el accidente de tráfico en no sé qué carretera perdida (con todas mis condolencias para la familia), la recuperación de Ortega Cano, o la última encuesta o investigación ridícula de la semana.

Es triste que todos estos periodistas malgasten su tiempo y las ilusiones que supongo tendrían en sus años universitarios, en este tipo de informaciones, ocultando a la ciudadanía otras realidades. Por suerte para nosotros, la ciudadanía, tenemos canales de información alternativa donde poco a poco nos vamos dando cuenta de la verdadera realidad. Ahora sólo queda provocar a todos y todas, y no sólo a la juventud más implicada en las nuevas tecnologías, para que se difunda, se traslade el conocimiento, y finalmente, seamos capaces entre todos de provocar un cambio que, por ser inevitable, no deja de requerir todo nuestro apoyo.

sábado, 9 de julio de 2011

Cómo disfrutar del verano... con lo que se tiene

En ocasiones, sucede que la vida nos pone piedras en el camino que parecen difíciles de sortear. Tan acostumbrados estamos a nuestras rutinas, a nuestros hábitos, a nuestras formas, pongamos por caso, de disfrutar de la vida, por ejemplo ahora en la temporada estival, que cuando acontece algún imprevisto que se prolonga más de lo razonable parece que se nos cae el mundo, que mañana llegará el Apocalipsis y que nada de lo disfrutado ni de lo aún por disfrutar podrá colmar con creces lo que estamos perdiendo en ese momento. La inteligencia humana demuestra así, instantes de supina estulticia, que derivan inexorablemente en la incapacidad para advertir otros hechos importantes o dignos de recordar, de aquí a unos meses; sí, tan sólo meses.

Cuando estos acontecimientos coinciden con el verano, la sensación claustrofóbica y apocalíptica que se nos provoca es aún mayor, y en ese agobio, amargamiento existencial y tristeza coyuntural, corremos el riesgo de arrastrar a quienes nos rodean, en muchos casos víctimas y sufridores colaterales de aquellas circunstancias que suceden, como todo en la vida, cuando menos se las esperan. Porque de eso se trata la vida, de caer y levantar, más fuerte si cabe, con las lecciones aprendidas y con mayor fortaleza.

Algo así es lo que nos está pasando a nosotros, en nuestra familia. El traslado a una nueva ciudad, la necesidad de adaptarse a sus nuevas calles, sus nuevos comercios, sus nuevos espacios de ocio, la búsqueda de entornos para nuestra hija. Y a ello hay que añadir el reposo relativo en un embarazo que está siendo largo por ese reposo en camasofá, sin alternativas especialmente para quien lo padece en sus carnes, a la sazón ya con problemas circulatorios, cabellos largos y canosos hambrientos de peluquería, rostro pálido que no ha visto la luz del sol en tres meses, y que camina con dificultad cada vez que sale al médico porque su cuerpo está perdiendo la costumbre de aquellos largos paseos. No, no es fácil ver cada mañana un cielo resplandeciente, sabiendo de antemano que tu día será como el anterior, y contenta porque las pérdidas remiten, y porque la peque, que Dios mediante se llamará June, patalea de vez en cuando para hacerse sentir en medio de esta maraña de problemas creados. Quienes rodean a la del reposo, que soy yo, tampoco lo tienen fácil, ya que no pueden compartir muchas cosas conmigo, y al mismo tiempo tienen que estar pendientes de mí casi todo el rato.

Entiendo que no es fácil plantearse un verano sin muchas opciones. No sólo para mí, la del reposo, sino para los que me rodean. Yo hace tiempo que me he mentalizado. El mismo tiempo que han tenido los demás para hacerlo. A lo mejor es más sencillo para mí por el hecho de ver engordar mi panza. Pero lo que llevo en mis entrañas es una parte de todos cuantos me rodean. Y su espera, el tachar días del calendario para poder ver su carita, es suficiente acicate para superar todos los nubarrones que pudieran pasar por nuestra mente. Porque somos humanos. Y para dos días que hace buen tiempo...

Porque un verano son tres meses. Los de este año. Y si Dios quiere, tendremos muchos, muchos otros veranos. Con Leire y con June, la cual es única, nacerá en noviembre si Dios quiere. Y a partir de entonces, todos sus veranos serán para ellas. Y recordaremos estos tres meses de 2011 como los de una larga espera que, ojalá sea así, culminó felizmente.

viernes, 1 de julio de 2011

CEAR celebra la sentencia del Tribunal Supremo que confirma el derecho de asilo para las víctimas de violencia de género

Reproduzco a continuación el comunicado de prensa de CEAR ante la sentencia del Tribunal Supremo que confirma el derecho de asilo para las víctimas de violencia de género. Feliz fin de semana.

COMUNICADO


CEAR celebra la sentencia del Tribunal Supremo que confirma el derecho de asilo para las víctimas de la violencia de género


El Tribunal Supremo ha reconocido el derecho de asilo a una mujer argelina y a sus hijos menores de edad frente a la posición contraria defendida por la Abogacía del Estado.

La mujer y sus hijos habían huido de su país al ser víctimas de violencia machista continuada, física y psicológica, por parte del esposo y padre, un maltrato reconocido por el Supremo como “trato inhumano o degradante” ante el que no pudieron ni pueden encontrar una protección efectiva puesto que "la tutela dispensada por las autoridades nacionales del país de origen se revela inútil o ilusoria". Una sentencia que viene a confirmar en todos sus términos la que ya dictó en su día la Audiencia Nacional.

Ante la indefensión en la que se encontraban, no les quedó más remedio que huir de su país y, en 2007, solicitar protección internacional en España. La Oficina de Asilo y Refugio (OAR) resolvió finalmente denegar la petición, concediendo subsidiariamente una autorización de residencia por razones humanitarias sobre la base del artículo 17.2 de la antigua Ley de Asilo. Con el asesoramiento de la CEAR Euskadi se recurrió dicha resolución ante la Audiencia Nacional lográndose una sentencia favorable en la que se les reconocía el derecho de asilo en nuestro país ante el riesgo que supondría para la familia el retorno a su país de origen.

La Abogacía del Estado, no obstante, optó por recurrir en casación, argumentando que la Sala había razonado que "todas las mujeres maltratadas tienen derecho de asilo en España" cuando, según su opinión, no conforman un "grupo social" en el sentido que recoge la Convención de Ginebra de 1951. Sin embargo, el Tribunal Supremo ha ratificado la sentencia de la Audiencia Nacional, tanto en la resolución final como en los argumentos que la sustentan, considerándola acorde a derecho y, en consecuencia, desbaratando el razonamiento de la Abogacía del Estado.

El gobierno español, al aprobar la Ley 12/2009, de 30 de octubre, trasladó el contenido de la Directiva 2004/83, de 29 de abril, y en concreto, lo referido al reconocimiento de la protección internacional a las mujeres víctimas de violencia de género, como un subgrupo dentro de “grupo social determinado” (artículo 7.1.e)). Un reconocimiento legal que venía a subrayar el que la jurisprudencia de manera profusa ha venido haciendo y, sobre todo, el que Ley de Igualdad hizo en 2007 al modificar la Ley de Asilo de aquel momento (incluyendo a las mujeres que huía de sus países a causa de la violencia de género) así como que ya había hecho.

España, normativamente, se ha comprometido de manera visible en la lucha contra la violencia contra las mujeres recogiendo, entre otros, preceptos como los señalados. No obstante, este compromiso dista de ser real si la aplicación práctica de dichas normas difiere del sentido legal expuesto. La administración española, en contradicción con la legislación vigente, se ha mostrado restrictiva a la hora de resolver las solicitudes de protección internacional referidas a persecuciones por motivos de género. La ausencia de estadísticas oficiales al respecto de las solicitudes y el índice de reconocimiento de las peticiones por motivos de género no puede acallar esta realidad que desde CEAR hemos venido denunciando.

Es evidente que las mujeres perseguidas a causa de la violencia machista y que, además, no pueden obtener una protección efectiva en sus países de origen, conforman un grupo social determinado en el ámbito de la legislación internacional y nacional sobre personas refugiadas. La jurisprudencia y la doctrina aplicable así lo han refrendado. Entender lo contrario basándose, además, en argumentaciones que se refieren a la cantidad de mujeres perseguidas que pudieran solicitar protección no es más que defender una actuación fundamentada en una aplicación restrictiva de la normativa y, como tal, contraria a derecho, como reconoce la amplia jurisprudencia aplicable al respecto.

Denegar el asilo o rebajar el estatuto concediendo protección subsidiaria o, un escalón más abajo, una autorización de residencia por razones humanitarias son muestras evidentes de ese ánimo restrictivo contrario a la norma. Realidad que complementa con la no aplicación sistemática del artículo 46 de la Ley de Asilo (que recoge un tratamiento especializado de las solicitudes, entre otros casos, por motivos de género) o las dificultades, cada vez mayores, que las personas solicitantes de asilo encuentran para solicitar asilo en España. Ejemplo de esto último es la caída del número de personas solicitantes de asilo por año, cifra que, sin ser nunca de las más altas de la UE, se ha desplomado desde 2008, cayendo en 2010 a 2738.

Desde CEAR confiamos que esta sentencia de nuestro Alto Tribunal ejemplifique el camino que debe seguir la administración española a la hora de reconocer el derecho de asilo a aquellas mujeres perseguidas a causa de la violencia machista, puesto que este camino no es más que el compromiso adquirido por nuestro país de proteger a las personas refugiadas, especialmente, los relativos a la protección efectiva de las mujeres.