martes, 21 de septiembre de 2010

El tupperware

Como Leire está en la guardería, y tengo que pasar a recogerla a las 15.30, me he sumado a la masa de trabajadoras y trabajadores que diariamente desempaquetan sus tupperware en los comedores de la oficina para degustar "comida casera".

Aunque llevo poco tiempo en esta situación, y lo cierto es que no dispongo de mucho ídem mientras como, ya que el requeteídem apremia que da gusto y casi ni me siento para llegar a Castro on time (A-8, recuerdo...), he podido realizar un análisis del personal cuando se sienta frente a frente con su tupperware.

En primer lugar, yo me imaginaba un espacio con trajín de microondas, gente que se levanta al fregadero, gente que se acerca a la máquina de café. Eso, con bullicio. Y ahí no me he equivocado. Pero me lo imaginaba con un bullicio digamos que divertido, digamos que el que se supone que hay en esa hora escasa de asueto y despendole antes de volver al tajo. Nada más lejos de la realidad.

Para empezar, cuando llegas e intentas buscar un sitio para sentarte, la gente ya te empieza a mirar raro. Como encima tampoco es que sea una habitual, pues más rara todavía. "A ver quién es esta, con el maletín del portátil y su cara de velocidad". Luego, cuando sacas tu tupperware con timidez y recato, notas miraditas inquisidoras sobre tu suculento manjar, como si con ellas quisieran calcular las calorías que te vas a meter entre pecho y espalda. Y ya no te digo si se te cae el tupper de marras, que es que te ponen nerviosa con tanta miradita, y encima que todavía no le he pillado el punto a la temperatura y los tiempos del microondas, que no se me caiga el chisme se ha convertido en mi obsesión.

Por otro lado, yo es que a la gente no la veo contenta. Eso de que los vascos disfrutamos con la comida, que es un acto social y tal, pues como que no lo veo en el momento tupperware. Porque la gente come a toda prisa, articulando brevísimos comentarios que hay que cogerlos al vuelo, entre cucharada y cucharada, ya que lo que quieren es acabar pronto, para salir antes del trabajo. Si es que no levantan ni la mirada, están ahí, mirando fijamente su ensaladita, o sus macarrones, o sus vainitas, como si así se fueran a desintegrar y teletransportarse directamente a sus estómagos.

Total, que yo supongo que aunque eso del tupper se practica por ser más barato y porque así se entiende que comes más sano (yo confieso que llevo casi siempre comidita de mi amatxu, que me cuida mucho mucho :-))), lo cierto es que con este plan tan guay podemos acabar todos con una úlcera de esas de no te menees. Y total, para lo que te lo van a agradecer en muchos casos...

1 comentario:

t.garciaoviedo dijo...

Has puesto ese respiro de la comida con tupper cómo que no. Mañana me toca quedarme a trabajar a la tarde y después de leer tu post como que voy a ir al bar de enfrente por un menu del día.
Teresa