jueves, 15 de noviembre de 2012

Pesadilla en la cocina

El otro día, intentando pasar el escaso tiempo que nos queda sin peques, delante del televisor, exhaustos ya tras horas de trabajo y dedicación sin límite a las dos terremotos de la casa, nos pusimos a hacer zapping y apareció en nuestro televisor el programa "Pesadilla en la cocina".

Se trata de un reality donde un chef de prestigio llamado Chicote, acude a un restaurante para enderezar a la tropa que lo maneja y sacarlo a flote.

Yo no soy amiga de este tipo de programas, porque me resulta difícil de entender que alguien quiera sacar sus trapos sucios (en este caso, nunca mejor dicho) delante de todos los telespectadores. Y por esa misma razón, porque me parece un poco tongo e intuyo que algo de interpretación habrá en toda la historia.

En este caso me ha llamado la atención porque si lo que pretenden con la visita del tal Chicote es que el restaurante vuelva a ser el sitio guay que era antaño, lo veo difícil. Vale que se cascan una reforma de alucinar en el local, que le meten un lavado de cara que ya lo quisiera yo para mi casa (creo que hay otro reality de esto, ¿no?). Vale que Chicote les pone las pilas en plan sargento chusquero.

Pero no. A mí no me convence.

Vamos a ver. Si el colega Chicote mete un repaso impresionante a la carta, visita la cocina y se encuentra con mierda hasta en las juntas de los azulejos, con comida pasada de fecha, con envasados que dan grima, y formas de cocinar que no las había visto yo ni en "Frank de la Jungla"... a mí me da que cuando el tipo se largue, el standby del perfil de cocinero chachiguaylimpioytal va a durar dos telediarios. En fin, que si he visto lo que hacen... miedo me da como vuelvan a desbarrar... Habría que pasar por allí un par de meses después para ver si el negocio sigue vivo, o vuelven a estar hundidos en la mierda más absoluta.

¿Tan mal y tan guarronamente se cocina en este pais como para llenar al menos una temporada de Chicote en pie de guerra? Uy qué miedo para nuestros estómagos...

martes, 13 de noviembre de 2012

Yo creo que si esto no revienta es por ellos

Hoy, de camino al trabajo, he escuchado en el programa Boulevard de Radio Euskadi una entrevista muy interesante realizada al presidente de Nagusi, la asociación bizkaina de jubilados y pensionistas, y al responsable de los "Yayoflautas", cuyo número asciende ya a más de tres mil en todo el Estado.

La entrevista venia a cuento de una reflexión según la cual, los jubilados de nuestro país estaban sosteniendo con sus pensiones a sus hijos, hijas, nietos, nietas, azuzados por una crisis sin brotes verdes, al menos no para la mayoría. Pero claro, esta situación tenía un límite, y se estaba alcanzando.

Me ha llamado la atención esta reflexión porque alguna vez esto mismo ya lo había comentado con mi marido. La estructura familiar está desempeñando un papel crucial para contener la desesperación de muchos y muchas, aunque es más que evidente que las fisuras comienzan a aparecer, a tenor de las últimas noticias aparecidas en los últimos días.

Y es que el tener un techo donde cobijarte, recibir consuelo y calor de los seres queridos, y saberte arropado ante las dificultades, pueden templar muchos ánimos.

Por eso, a lo mejor lo propio es que sean ellos, los abuelos, los que tomen también las riendas de la rebelión social. Porque no es políticamente correcto arrear guantazos a un abuelete. Y menos que salga en la tele. Porque no siempre se les toma en serio, aunque mucho empezamos a entender aquello de "sabe más el perro por viejo que..."

Y porque si ellos se plantan, me da a mí que esto se para.