lunes, 27 de octubre de 2008

Incompetencia a raudales...

No quisiera que fuera así, pero intuyo que mi blog se va a convertir en un hervidero de quejas y descripciones de los sinsentido a que nos vemos expuestos los ciudadanos, bien sea de las administraciones públicas, bien de las empresas con quienes nos relacionamos.

En esta ocasión toca a las empresas de venta de muebles.

No tengo queja hasta la fecha de la atención en tienda, lo cierto es que es impecable, con una dedicación exquisita. Tampoco es que se puedan quejar, vamos hasta con planito, con ideas más o menos claras y no nos gusta dar la turrada. Para más regocijo del comerciante, en nuestra última adquisición, pagamos a tocateja. Pobres ilusos, pensamos que así iría mejor la cosa.

Pero no. La incompetencia a denunciar nos llega ahora desde Merkamueble.

Hemos comprado una mesa. Una simple mesa de centro para nuestro salón. Que en principio iban a tardar diez días, pero la cosa se alargó. Vale, tenemos asumido que jamás cumplen sus plazos. Aunque si yo hiciera lo mismo en mi trabajo ya tendría al cliente tocando a mi puerta pidiendo explicaciones.

Cuando acordamos un día, siempre con excelsa amabilidad, fijamos una hora. Circunstancias de la vida, pero tenemos la mala costumbre de ir a trabajar, más que nada para poder pagar estos muebles, así que no hay nadie en casa hasta la tarde. Ok, fijamos una hora. Y nos llama el montador ese día a ver si puede estar alguien en casa a las 12.00. A ver. Que si proponemos cambio de hora no es porque por la mañana estemos jugando al golf. Es que estamos trabajando. Que no hay nadie. Ok. Nos traen la mesa. Con más rayas que mi camisa, vamos, totalmente defectuosa.

Empieza aquí el periplo de llamar a ese teléfono de reclamaciones, que nos agobia con tecleos interminables de numeritos hasta llegar a contactar con una operadora que parece inhumana, sin tono de voz, sin alma, sin vida, que nos remite a alguien que nos llamará, no se sabe cuándo, para darnos una solución.

Si yo hiciera lo mismo en mi trabajo tendría serios problemas. ¿Tanto cuesta ser un poco eficaz, eludir la incompetencia, en la venta y entrega de muebles? Porque es que lo peor es que es algo recurrente en todas las conversaciones de quienes se encuentran en la fase de amueblar el piso. Y esto, queridos amigos, tiene repercursiones en la sanidad pública, porque al menos yo cada día me enciendo más porque no parece haber nadie que tome cartas en el asunto.

De nuevo, si hay alguien en la red que tenga una solución a esto, que lo comparta por favor. Las soluciones que a mí se me ocurren no son políticamente correctas, en mi actual estado de perplejidad y cabreo.

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