domingo, 19 de octubre de 2014

La perversidad de la comunicación

De un tiempo a esta parte vengo recibiendo en mi cuenta de Whatsapp un sinfín de fotografías, videos, y otros runrunes varios de los que circulan por la red. La mayoría de ellos son tonterías, o chistes fáciles de esos que los españolitos de a pie hacemos tan bien y tan rápido, no sé si como una manera de reír por no llorar, o porque nuestra capacidad de indignación no tiene más válvula de escape. Tan poco da de sí este modelo social y educativo que nos ha adormecido y acostumbrado a esta zona de confort donde tan bien vivimos, en nuestras miserias y nuestras pequeñas glorias, en nuestras tertulias de café, donde levantamos la voz porque fuera de la taza nadie más nos oye ni se molesta...

El último de ellos ha sido uno referente a la inmigración. Muy acorde con los tiempos, cuando un señor que se dice alcalde de los vitorianos, se ha alzado como adalid de la transparencia en la gestión (insisto, acorde con los tiempos. Es ironía, aviso), avanzando modelos de control inauditos, que ya hubiéramos querido para las tarjetas famosas, para Bankia y lo que te rondaré...

Como siempre digo, ni están todos los que son, ni son todos los que están. Que habrá alguno que no tenga el RH de la piel de toro que se esté aprovechando, no me cabe duda. Igual que no me cabe duda que más de un españolito de pro, de esos de verbo crítico fácil y supuestamente documentado en tertulia de café, aguarda ansioso en la soledad de su vagancia un golpe de suerte en plan Dioni o similar. ¿Se acuerdan?

Lo que ya me asusta es que en lugar de utilizar los cauces que existen para corregir estas desviaciones (demandas civiles, penales, denuncias ante la Administración), recurramos, una vez más, al verbo fácil e indocumentado, a la sal gorda rebosante de ignorancia, a la falacia de la descalificación en colectivo y en masa.

Este tipo de infundios que circulan por la red abundan en la perversidad de estos medios de comunicación, que conviven con nosotros en una frágil línea entre el  bien y el mal. Porque incriminar a un colectivo a través de medios como éste únicamente contribuyen a emponzoñar la opinión de una sociedad que ya está bastante confundida. Y únicamente benefician a los de siempre.

Tiemblo sólo de pensar lo que Goebbels hubiera podido hacer con Whatsapp, con Twitter o con Facebook a su alcance...

domingo, 12 de octubre de 2014

Emprendimiento e Innovación. Juntos pero no revueltos

Recientemente se me planteó un amago de debate entre los dos conceptos del título de este post. Emprendimiento e Innovación. Por lo visto no terminaban de verse como elementos que pudieran ir de la mano en un debate...

Autor: Jon Sullivan.


Evidentemente no son la misma cosa. Aunque sin ser todos los que están, tampoco están todos los que son. No sé si me explico.

El acto de emprender puede implicar en sí mismo una innovación. Porque innovar no se tiene por qué asociar con un componente tecnológico, al menos no necesariamente, se puede innovar de muchas maneras, en los procesos, en la organización, en el producto o servicio, en el modelo de negocio... Y cuando emprendemos, bien porque creamos nuestro propio negocio, bien porque queremos hacer las cosas de otra forma en nuestro puesto de trabajo, bien porque queremos hacer las cosas de otra forma en nuestra cotidianeidad. queremos presentar algo innovador, algo que nos diferencie del resto y nos haga atractivos, interesantes, susceptibles de ser imitados y por qué no, mejorados.

En un momento como el actual en que por muchas razones parece más que evidente que hace falta una reflexión profunda sobre qué entendemos por emprender, sobre nuestro modelo de educación y de valores, yo creo que la innovación tiene que ser un elemento imprescindible, y que por tanto ambos, emprendimiento e innovación, tendrían que ir de la mano en muchos foros, tanto para evitar confusiones entre ambos conceptos, como para saber conjugarlos adecuadamente en nuestros procesos sociales, económicos, y vitales en definitiva.