¿Cuándo perdimos nuestro ADN emprendedor?
En el marco de una conversación muy interesante mantenida hace unos días dentro de las actividades en las que estoy cada día más enfrascada para fomentar la ciudadanía activa y el emprendimiento en el ámbito de Getxo, se lanzó una pregunta al aire: ¿cuándo se perdió? Lo que se perdió fue la audacia, el arrojo, la decisión, la asunción de riesgos. Todas aquellas aptitudes que explotamos hasta la saciedad en nuestra infancia, ávidos de exploración y de conocer cosas nuevas. No teníamos miedo de saltar en el hinchable más alto, probábamos cualquier comida, tocábamos todo incluso lo intocable… Y si fracasábamos o nos dábamos cuenta que no era la mejor opción, buscábamos otras alternativas. ¿Cuándo perdimos ese espíritu emprendedor? Nuestra interlocutora se lamentaba de la poca sustancia del alumnado universitario, aterrado ante un folio en blanco, incapaz de arriesgar, de sugerir, con pavor al fracaso y al ridículo. ¿Dónde se fracturó todo esto? Nos atrevería...