miércoles, 30 de enero de 2013

The Artist

El otro día estuvimos viendo la película "The Artist". Se trata de una película original en el continente, que no en mi opinión en el contenido, ambientada en la transición del cine mudo al sonoro. Contado todo ello cual de película muda se tratara.

El protagonista, George Valentin, es una estrella de Hollywood histriónica hasta el extremo, que caricaturiza con soltura las ensoñaciones de deidad de las que adolecían aquellos astros privados de voz. Pero hete aquí que irrumpe el sonido, y ante tal innovación la modernidad se impone, y arrastra al abismo a nuestro personaje.

Entre tanto, una aspirante a actriz, llega en el momento oportuno, cae en gracia al personal y se convierte en una estrella del fulgurante firmamento sonoro. Coincide en este momento con Valentin, y de esta forma asistimos a la caída en picado del primero, y a la ascensión fulgurante de la segunda, quien no ceja en el interés de aupar a Valentin para hacerle ver que puede tener un hueco en toda esa revolución técnica del cine.

La película me ha parecido muy interesante porque creo que refleja bastante bien la resistencia al cambio que muchas veces sufrimos ante innovaciones que nos superan, que van más allá de lo esperado. Muchas veces pensamos que no vamos a ser capaces de estar a la altura, de poder tener éxito, igual que el que teníamos antes, en ese nuevo contexto.

Para poder adaptarnos al cambio, la peli nos sugiere dejar a un lado nuestro ego y nuestro orgullo, y saber disfrutar del cambio desde la humildad del que tiene mucho que aprender, y también desde la seguridad del que también tiene mucho que ofrecer, puesto que el conocimiento adquirido en el status inmediatamente anterior al cambio representa sin duda un grado para avanzar y aportar aspectos igualmente innovadores en ese contexto de cambio.

Sin duda, un film para visionar desde muchos puntos de vista, y por qué no, también desde una perspectiva de gestión del cambio.

miércoles, 23 de enero de 2013

eCivis

Me complace escribir este post, me complace poder compartir con vosotros la puesta en marcha de la asociación para la promoción de la administración electrónica, eCivis. Una iniciativa ciudadana, sin ánimo de lucro, que quiere contribuir con el conocimiento de sus integrantes a un uso efectivo del escaparate de servicios públicos electrónicos que cada vez más ofrecen nuestros ayuntamientos.

En estos tiempos de tamaña mezquindad en la política y de descrédito absoluto de las instituciones y de la democracia, creo que es hora de que la ciudadanía se ponga las pilas y tome cartas en la asunto. Y salir a la calle a protestar está bien, hacer chistes cargados de cinismo en las redes sociales, también. Pero hay que hacer más.

Vaya por delante que eCivis no se ha gestado con un propósito revolucionario, no es su objetivo. Al menos no desde la conceptualización agresiva que se puede atribuir a este término. eCivis nace para participar y colaborar con nuestras entidades locales, para conseguir que esos servicios públicos electrónicos funcionen, y funcionen bien. Y creo que esto sirve o debiera servir para empezar a mover algo.

De momento nosotros sólo queremos echar una mano a los ayuntamientos, orientándoles sobre lo que está bien y lo que está menos bien de esos servicios públicos electrónicos que exponen. Y que luego ellos decidan, si quieren mejorarlo o no. Pero la valoración preliminar, realizada por ciudadanos de a pie, ya la tienen.

Considero que es un primer punto de partida para hacernos oír, aunque no sea esta la intención inicial de la organización. A partir de ahí, estamos abiertos a cualquier otra iniciativa que contribuya al mejor uso de la administración electrónica por parte de la ciudadanía.

Nos ponemos a ello.


jueves, 17 de enero de 2013

El arte del buen reunirse

Esta semana he tenido una reunión de trabajo. La verdad es que esta dinámica viene siendo habitual en mi profesión, como forma de encontrarnos con el cliente y tender puentes de colaboración y solución a necesidades.

No voy a entrar en este post en el contenido de la reunión, no viene al caso. Me gustaría exponer una reflexión que me surgió durante el desarrollo de la misma, en lo que se refiere a cómo nos comportamos en reuniones de trabajo, o en general, en cualquier otro tipo de reunión. Porque de un tiempo a esta parte vengo observando que más que un intento de aunar fuerzas para acercar posiciones y llegar a acuerdos, parece que son un tira y afloja por demostrar quién es el mejor, el más fuerte, el más listo, o el más que queramos en ese momento.


Parto de la premisa de que por mucho acuerdo que busquemos, solemos acudir con opiniones discrepantes, o al menos con intereses y necesidades no coincidentes. No tiene por qué ser lo contrario y además pienso que es bueno que así sea, ya que de la diferencia es posible construir proyectos mucho más interesantes.

Entiendo que las partes que intervienen en una reunión no tienen muchas veces opiniones similares. No tienen por qué tenerlas y además es bueno, a mi entender, que existan puntos de vista diferenciados para alcanzar posturas comunes que construyan algo mejor a lo inicialmente expuesto.


Pero no concibo que para poder construir sea necesario un lenguaje agresivo, de imposición de la idea preconcebida que se tiene sobre un tema. No son necesarias muecas ni gestos de desaprobación cuando la otra persona está hablando.

Porque la intervención de una persona pausada, que expone su contrapropuesta después de haber dejado hablar y explicarse al contrario, hace mucho más que 
la gesticulación airada. Porque no está de más dejar hablar para poder entender el conjunto y ampliar el radio de visión de aquello a lo que queremos llegar.

En suma, creo que en la forma que tenemos de gestionar las reuniones hace falta una buena mano de inteligencia emocional y de educación en la comunicación no verbal. Para que la exposición de los contenidos sea mucho más sencilla, más ágil y conduzca a buenos acuerdos y soluciones, tendiendo manos entre ambas partes y  favoreciendo el progreso de las soluciones y no su enquistamiento.

domingo, 6 de enero de 2013

Resucitar las conciencias

Como suele ser habitual, hoy nos hemos enfrascado durante unos minutos en la tradicional conversación de cómo arreglar el mundo, típica de las reuniones familiares. Todo ha surgido a raíz de la noticia del "fichaje" de Rato en Telefónica, de cómo los bancos se han convertido en charcuterías, y, en fin, de la manida cosa de la crisis y la corrupción y el mamoneo, permítaseme tan basta expresión, como cuestiones colaterales estrechamente ligadas, al menos en la piel de toro.

Resulta típico en este país esto de poner a parir al prójimo en reuniones más o menos íntimas, o también en la barra de un bar. Anda que no hemos arreglado el mundo en comidas de empresa, cenas navideñas, quedadas de copas y demás actividades de confraternización social, muy habituales entre nosotros.

Es muy cómodo, ciertamente, recitar en público todo cuanto leemos en periódicos, blogs y redes sociales, para expresar nuestro hartazgo ante esta situación insostenible (y me pongo la primera de la fila en esta costumbre)... Para luego no hacer nada.

Porque en esta piel de toro estaremos descontentos sí, pero nos cuesta mucho desarraigarnos, soltar lastre y mostrar públicamente, todos a una y sin dimes y diretes sindicalistas, gremiales y demás, que estamos hasta las narices de la cacería de elefantes, del movimiento de fichas corruptas entre lo público y lo privado, de la devolución de favores que hacen del Padrino un chavalín de barrio, de las corruptelas que nos invaden nada más salir de casa.

Yo no sé por qué nos cuesta tanto. Puede ser por miedo a perder nuestro status, en algunos casos. Puede ser, en otros, porque en realidad nos miramos en el espejo de esos que se forran a nuestra costa y nos gustaría ser como ellos, uséase, vivir del cuento sin dar un palo al agua, al menos no un palo certero y útil socialmente, que se supone que es por lo que se les paga. Porque anda que no hay tropa por ahí suelta que está todo el día despotricando pero luego no hace nada, más que quejarse eso sí, pero sin querer perder prebendas, como puede ser el último cachivache tecnológico, los vicietes del día a día, y demás.

No voy a ser la que en este blog dé la solución para esta crisis, porque no creo que haya una sola, sino la conjunción de muchas y desde muchos frentes. Pero sí creo que esta crisis no es sólo por la corrupción, sino porque ha puesto de manifiesto una manera de entender la vida, esta de nuestra piel de toro, que no da más de sí. Y creo que es una llamada, más bien una orden imperiosa, al emprendimiento, al salir a la calle, a la revolución en el más amplio sentido de la palabra, ilustrando conciencias, recuperando la inteligencia y el querer-poder.

Que vale ya de mirarnos al ombligo y de arreglar al mundo delante de una mesa bien surtida de viandas. Que vale ya de llorar al prójimo para luego no privarse de nada. Que vale ya de querer seguir chupando del bote sin dar un palo al agua y encima pavonearse de ello, que en este país parece que el que no defrauda es el más tonto.

Hemos empezado en las redes sociales. Ahora hay que dar el salto a tierra, hay que cambiar el chip de todos nosotros para recuperar una conciencia social que sinceramente, creo que la tenemos más que aletargada.

A ver qué pasa en 2013.