martes, 22 de junio de 2010

La tontería del día

De vez en cuando, en nuestra rutina diaria, sucede que se cruza un personaje peculiar, por cuya actitud, vestimenta, o verborrea, llama nuestra atención y provoca nuestra reflexión, sonrisa, indignación o simple comentario.

Esto es lo que nos ha pasado hoy al llegar a la Clínica Euskalduna, donde tenía cita para la revisión ginecológica anual. Nada más acercarnos a la recepción, y sin apenas tiempo de lucir a la peque delante de las enfermeras, sabedoras de mi embarazo y con las que ya tengo cierta relación, se cruza uno de los médicos de la Clínica, conocido tertuliano de la televisión autonómica y, por tanto, uno de los tantos populares del Botxo. Vaya por delante que no le conocemos de nada, ni él a nosotros, que se cruzó por nuestro camino como se podía haber cruzado cualquier otro. Pero se cruzó él. Y después de soltar la típica tontería a la enfermera "mira, esto ya sabes cómo se hace", con relación a nuestra hija, el tío se empieza a rallar y eso, se pasa de la raya, como cien pueblos o así, porque empieza a darnos un discurso, en plan aleccionador a mi marido, del pelo "mirahijotevoyaexplicarloqueeslavida", y en plan machoibérico a las enfermeras, "aquíestoyyodebilbaodetodalavida". Un discurso con una única palabra, repetida por doquier: que si follar por aquí, que si follar por acá, que chaval, ahora es cuando tienes que f... fuera de casa, ahora que ya eres padre, que cuando tienes un hijo es el momento de echarte una amante porque la mujer ya tiene lo que quiere, y ella no te va a dar 50 euros para irte de putas, y tal y tal y tal... A todo esto, las enfermeras a cuadros, con un careto del pelo "tranquiloschicosqueestetíoesasí", y mi marido y yo estupefactos del todo, hasta que yo reaccioné preguntando por la sala de espera, para salir de aquel atolladero.

Fue allí, en la sala de espera, cuando una se paró a pensar en lo ocurrido. Y qué lamentable. Y qué pena da. Porque tener que escuchar semejantes gilipolleces de boca de un supuesto profesional de la medicina, y para más inri de la ginecología, es bastante triste. Porque pienso en el dinero que se gastaron sus padres en darle una educación, supuestamente universitaria, y no sé si con ese dinero el tío compró el título y lo que le sobró lo gastó en esas fulanas que tanto le molan. Porque no sé si aprendió todo esto de su padre, más que nada porque su madre también fue eso, madre. Que a toda esta tropa que se les llena la boca con comentarios machistas no sé si piensan de vez en cuando que su madre es también una mujer. Y que ya empezamos a estar un poco hartas de estos comentarios, que no van a ningún sitio, y que me llevan a pensar que mucho Ministerio de Igualdad, muchas campañas y mucha historia, pero al final parece que nada cambia, que llueve sobre mojado. Y qué pena da.

Menos mal que la revisión ginecológica fue bien, porque ya es lo que me hubiera faltado. Y suerte que tengo que me atiende otro (excelente profesional por cierto), porque si no, ya me habían visto el pelo en esa clínica.

1 comentario:

Fernando Manero dijo...

La gilipollez no tiene límites ni fronteras. La ventaja es que al gilipollas, amén de cretino como en este caso, se le descubre enseguida, aflora a la primera de cambio, no exige pérdida de tiempo en la indagación. De ahí que facilita adoptar la actitud más razonable e inteligente: con la sonrisa, que no dice nada, en los labios, volverle la espalda, ignorarlo y puerta....