lunes, 18 de junio de 2012

Hombres y Cyborgs.

Ayer domingo por la noche estuvimos viendo un interesante documental en TVE2, sobre la aplicación de las tecnologías para mejorar la calidad de vida de personas con discapacidad o algún tipo de enfermedad (personas con hipoacusia, parkinson, malformaciones genéticas). Resultaba asombroso ver a estas personas llevar una vida plenamente saludable y normal, y más aún a los más pequeños, su sorprendente capacidad de adaptación y aprendizaje ante estas adversidades que nos da la vida, que muchas veces no sabemos si más bien pueden llegar a ser oportunidades. Sin embargo, lo que ciertamente me pareció del todo sorprendente, es que los ejemplos mostrados eran dentro del Sistema Sanitario Español, casi todos por cierto de Cataluña. Y digo sorprendente porque con el clima de recortes en la investigación, que no es nuevo con la crisis, sino que es algo ya tradicional en el modus operandi de esta nuestra piel de toro, tiene un mérito de narices que la gente le eche ganas a estas cosas. Ahí es donde se ve la vocación, la profesionalidad de muchas personas que trabajan en silencio, partiéndose el cobre por los demás, innovando con pequeñas cosas, emprendiendo día a día. Para aquellos que no lo hayan visto, aquí lo tenéis. Merece la pena.

viernes, 15 de junio de 2012

Toros a lidiar en la e-administración

La Administración Electrónica representa una realidad innegable e imparable. En un contexto como el actual, de incertidumbre y recortes a todos los niveles, afectando particularmente a las administraciones públicas, el horizonte de una batería de servicios públicos prestados electrónicamente se antoja como deseable, por lo que representa, al menos en la teoría, de reducción de costes e incremento de la eficiencia y la satisfacción del ciudadano. Bien es cierto que para esto queda aún un largo camino por recorrer, y que uno de los escollos que se encuentran es precisamente el coste que supone la implementación de estos servicios. Coste que no es baldío puesto que tal y como he señalado antes, debe considerarse como una inversión. Pero visto el panorama, y el anquilosamiento del mundo de la administración (tanto por parte del funcionario como por parte del administrado), no resulta tarea sencilla. Y es que la inversión en tecnologías de la información que durante años viene realizando la Administración Pública es ingente y me atrevería a decir que hasta escandalosa. Sobre todo si se tiene en cuenta que, en la mayoría de los supuestos, dicha inversión no se traduce en sistemas y servicios que satisfagan a sus usuarios finales, quedando muchas veces sin uso o repercutiendo negativamente en el servicio. Ello se debe a que en muchos casos no existe una metodología previa de trabajo intensivo con estos usuarios, que sea capaz de obtener información precisa sobre las necesidades reales, de manera que a la hora de implementar el sistema, el mismo responda a una necesidad real del usuario final, y no a un capricho del tiempo electoral del cargo político de turno. En muchos otros casos el problema está en que, pese a hablar con el usuario final y existir un acuerdo teórico en las necesidades a cubrir, a la hora de la verdad, cuando el usuario se pone frente a frente con el nuevo sistema, la resistencia al cambio aflora en su máxima expresión y surgen del cajón hojas de cálculo imprescindibles y post-it de primer orden sin los cuales el trabajo administrativo se bloquea, por encima de cualquier avance. Parece por tanto que nos encontramos con dos toros a lidiar: una buena comunicación con los usuarios finales de los sistemas, y una buena gestión del cambio que sea capaz de implicar y motivar para que aquellos sistemas no queden en el cementerio de los elefantes y sirvan realmente para algo. Trasladado esto al mundo de la administración electrónica, nos enfrentamos a una problemática más crítica, en la medida en que con ella se ofrece al ciudadano una administración permanentemente a su disposición, con una garantía cien por cien de fiabilidad y seguridad, y sin puertas traseras. Lo que añade un tercer toro en la lidia: la adaptación del ciudadano a la nueva forma de prestar el servicio. Esto se traduce en conocimientos mínimos del mundo tecnológico en que nos movemos (Internet, dispositivos móviles, uso de los certificados de identificación, comprensión del lenguaje del mundo internet...), y en disposición de servicios usables y directos, que hagan de aquello de la reorganización y la simplificación administrativa, su baluarte estrella. También se traduce en un cambio cultural importante, superar la concepción decimonónica de la administración y empezar a confiar en un mundo digital y sin papel. Cosa que no resulta nada sencilla. En este contexto, se plantea la necesidad de que las Administraciones sean conscientes del impacto y alcance de sus servicios electrónicos. Porque no cabe duda que técnicamente serán completos y atenderán las exigencias normativas. Pero ¿qué ocurre cuando el ciudadano se pone cara a cara con él? ¿Qué problemáticas se encuentra, qué dificultades? No se trata de atender al funcionario, también el ciudadano tiene algo que decir en esta guerra, y si no se atiende a sus necesidades, es más que probable que el servicio quede sin uso porque no resulta ágil, rápido, seguro y eficaz. Por tanto, en esto de la Administración electrónica son muchos los toros a lidiar, y como bien se viene diciendo en otros foros, es necesario un trabajo más allá de la tecnología y no sé si decir que tanto o más importante, cual es la reorganización de los servicios, la adaptación del personal funcionario, y el cambio cultural progresivo de la población usuaria. A ver qué pasa.

domingo, 10 de junio de 2012

Cegatos

Y de nuevo, el fútbol. Escribo estas líneas mientras mis peques duermen la siesta. La tele está encendida, y en su runrun escucho los berridos de la muchedumbre agolpada en Polonia, a pocas horas del enfrentamiento de la selección española con la italiana. Gente de toda condición y pelaje, con indumentaria cada una más estrambótica que la anterior, con cervecita en mano, cantando sin descanso por las calles de la que horas antes a buen seguro era una apacible ciudad polaca. Minutos antes, en el mismo espacio informativo, se planteaban mil preguntas en torno al ¿rescate? ¿línea de crédito? ¿préstamo? ¿regalo de los MerkelMagos?, sembrando la incógnita y la incertidumbre entre los ciudadanos. Parece increíble la capacidad de borrón y cuenta nueva que tenemos. Parece mentira que toda esta tropa tenga el estómago de dejarse una pasta para ir a perseguir a sus ídolos rojos a tomar por saco, con la que está cayendo. Parece mentira que, si la selección consigue ganar, las calles se inunden de aficionados. Cuando hoy, tras la noticia del ¿rescate? ¿línea de crédito? ¿préstamo? ¿regalito de los MerkelMagos?, parece que todo sigue igual, y que lo que toca es seguir con la bajada de pantalones sin saber muy bien hasta cuándo. No me vale que nos quejemos con la boca pequeña. Que despotriquemos del patrón, del banquero, del paro, de las condiciones laborales, de todo, en definitiva, si no tenemos los arrestos de echarnos a la calle para quejarnos, o, si no es el caso, de demostrar con otro tipo de acciones nuestro descontento. Y esa acción podía ser, por ejemplo, mandar a tomar por saco al fútbol y a toda su parafernalia, que no hacen sino embotijarnos y cegarnos, haciéndonos olvidar por unos instantes que somos marionetas en manos de unos pocos. Y la que nos espera... ¿Tenemos lo que nos merecemos?