domingo, 3 de enero de 2010

La maternidad y los modelos de organización.

Puede parecer a primera vista, leyendo el título de este post, que vuelvo a repetirme como el ajo, que la maternidad me ha abducido, que ya no pienso en nada más que en pañales, horarios de tomas y escatologías varias. Pero no. La cuestión es que, viéndome en la nueva situación de atender a este personajillo nuevo y darle cabida en mis actividades diarias, me he visto en la necesidad de cambiar mis hábitos, mi orden de prioridades, mi esquema de organización. Vamos, que me estoy adaptando. Y en esta adaptación me he dado cuenta que las veinticuatro horas que tiene el día pueden dar para mucho, y eso que en principio puede parecer que se quedan en nada, entre que sacas la teta, esperas que se duerma o que no se queje, etc. etc. Porque la cuestión es organizarse. Porque en los 60 minutos que tiene una hora puede dar tiempo a mucho, si te lo montas bien.

Y hete aquí que estaba yo pensando que esta necesidad de cambio, que sin duda espero será para bien, podría aplicarse a muchos modelos de organización empresarial, cuando ante un cambio incluso nimio, el personal se atraganta y siente temblar hasta la uña del dedo gordo del pie derecho. En definitiva, se trata de tomar aire, relajarse, reconocer la nueva situación y plantear un nuevo esquema vital (personal o empresarial, léase como se quiera) que permita llegar a todo. Para ello se me ocurren varias sugerencias:

1. No intentes que el cambio se adapte a tí. Es antinatural, estresante y enfermizo. Reconoce que estás ante un cambio en tu vida (personal, profesional...). Acepta el cambio.

2. Adapta tus modelos de acción al cambio. No se trata de dejar de hacer lo que hacías, sino de hacerlo de otra forma, dando cabida a los elementos del cambio. El tema está en sumar, no en restar. Aplica el modelo de ganar-ganar.

3. No seas burro y pide ayuda. Delega cuando sea necesario. De esta forma ganarás en confianza, espíritu de equipo, eficacia en las acciones y mejor aprovechamiento del tiempo.

4. La perfección no existe, pero podemos acercarnos. Y aunque Roma no se hizo en un día, poco a poco el cambio formará parte de tu rutina, y dejará de ser novedad. Así que disfruta de las sorpresas que te va a traer. A buen seguro te servirá para mejorar en el día a día.

5. Relájate. El cambio es inevitable, ya está en tu casa, en tu empresa, en tu modelo organizativo, en definitiva. Por lo que ir contracorriente no va a traerte más que molestias gastrointestinales e incluso cardíacas.

2 comentarios:

Jorge Campanillas dijo...

Enhorabuena Sonia!!

No hay nada como organizarse y reorganizarse para que todo tenga cabida! aunque es verdad que las prioridades cambian, y bienvenidas sean esas nuevas prioridades ;)

Feliz 2010!

GUILLERMO DIAZ dijo...

Hola "mami"..
Estoy de acuerdo con tus planteamientos. Es absurdo resistirse al cambio organizacional. Lo razonable es asumir que el cambio viene, ponerse en la cresta de esa ola de cambio, surfear sobre ella y llegar a la orilla.
Una vez en la orilla, volver a remar a buscar nuevas olas del cambio. Porque, si algo es incuestionable es que las olas marinas (y por similitud las empresariales) nunca van a parar mientras el mundo sea mundo.

Terminaría por tanto diciendo: Practiquemos el surf y planeemos en la cresta de las olas del cambio.