viernes, 29 de octubre de 2010

HARTA

Pues sí, estoy harta.

Estoy harta de tener que dar explicaciones constantemente sobre una serie de cuestiones que afectan strictu sensu a mi vida personal y más en concreto a mis habilidades como madre. Que vale que sea madre primeriza, pero para Leire, mi hija, soy su única madre, y por tanto y por las capacidades que el título me confiere, la única con cierta autonomía, junto a su padre, en su educación y velo.

Y es que estoy hasta las narices, por decirlo de manera suave, de tener que explicar hasta cuándo pienso dar teta. Estoy harta de escuchar eso de "mi amiga Piluchi le dio teta hasta que tuvo cuatro años". ¿Y? ¿Dónde está el problema?

También estoy harta de tener que escuchar tonterías del pelo de "hay que llevar a los niños a la guarde porque así se inmunizan, y además, se socializan". Pues nada, todos a apechugar como campeones, a lastrar ellos patologías cuasi permanentes y nosotros, los padres, una angustia vital, por el prurito de llegar a ese gran objetivo que es minimizar las enfermedades en el futuro, y convertirlos en unos grandes conversadores. Y digo yo, que a mí el tener resfriados, gripes, gastroenteritis, anginas, etc. casi todos los años, no me ha inmunizado de nada, y ando cerca ya de los 40. Y no fui a la guardería y no me considero una asocial. Pero claro, soy madre primeriza. Y por lo visto una blanda si decido sacarla de la guarde y que ande libremente disfrutando de los padres y de la familia, en lugar de chuparse los virus de los peques malitos aparcados por sus padres en la guarde (actitud esta que no logro entender, pero como debo ser una madre rancia y del siglo XVII, pues también me lo discuten).

Vale que el mundo actual no facilita precisamente la conciliación. Vale que en este mundo en que vivimos un par de sueldos en casa vienen que ni pintado, y que la liberación de la mujer blablabla hacen que suene a sacrilegio plantearse la sola idea de abandonar el trabajo. Ok, me rindo, resulta difícil hacer esa renuncia. Pero existen otras opciones, por lo menos en mi caso: teletrabajar, ponerte por tu cuenta, y contar con la inestimable ayuda de terceros, pongamos por ejemplo de los abuelos, esos héroes a los que ya me he referido en alguna ocasión. ¿Que puede ser un acto de egoísmo? Tal vez. Y quienes opinen eso, están en su perfecto derecho de hacerlo. Pero mi madre está enamorada de su nieta, ya no contaba con tener ninguna, es la única que tiene, y alucina con ella cada vez que la tiene en brazos. Y a mí me encanta ver a mis padres con la niña, ver cómo disfrutan. Además, tampoco voy a dejar a la niña hasta que cumpla los 18, ni quiero esclavizar a nadie. El que no quiera cuidarla que lo diga y punto. Sin problema. Para eso estamos. Se trata tan sólo de que Leire supere su período de bebé con las menores patologías posibles. Que parece que a la gente le pone cachonda eso de contar los males de los bebés. Como si fueran trofeos de guerra. Yo prefiero contar que dice "papapa", o que corretea como Fernando Alonso. Eso sí que me pone.

Diré más. Que yo sea madre, y mis padres, abuelos, me ha hecho ver las cosas desde otra perspectiva. Y me atrevo a decir que les necesito más que nunca, como persona, no porque cuiden a mi hija. Me atrevo a decir que estoy volviendo a la misma dependencia que tiene Leire conmigo. Y no quiero perderme eso, ni muchas otras cosas, entre idas y venidas a Urgencias, mientras mi hija va sumando puntos en la lucha por la inmunidad.

Así que, a todas las pediatras de frutería, esas que saben de todo, que te cuestionan todo, que te preguntan obviedades y gilipolleces en cuanto te ven cruzar el umbral: dejadme disfrutar en paz de mi hija. Soy su madre, y junto con su padre, somos los que decidimos.

No hay comentarios: