lunes, 17 de enero de 2011

Cuánta guerra damos las madres...

Los lunes es lo que tiene. Además de madrugar después del fin de semana, nos azota con noticias un poco sorprendentes, pero no por ello terribles y lamentables. Hoy nos dicen que una de cada cuatro empresas no contratará madres este año, porque dicen que son (somos) poco flexibles y más propensas a quedarnos desfasadas.

A mí esto de las generalizaciones me saca un poco de mis casillas, y es que en esta vida todo es relativo. Decir que una madre es poco flexible es casi tanto como decir que los burros vuelan, porque creo que pocas personas tienen tanta capacidad de flexibilidad como los padres y las madres. Porque de repente con esto de la m(p)aternidad, te salen más brazos, más piernas y más ojos, estás a todo lo que se mueve, trabajas, cuidas a los peques, atiendes a la familia, a la pareja. Y yo creo que lo hacemos bastante bien, porque de otra forma, esta sociedad se hubiera ido al garete hace ya unas cuantas décadas.

Lo del desfase, pues más de lo mismo. Tener churumbeles agarrados a tus faldas (o a tus pantalones), no creo que sea directamente proporcional a la anulación de tus ganas de crecer profesionalmente y/o como persona. Más bien me parece que esto es una cuestión de personalidad, que no creo que cambie demasiado con la asunción de nuevos miembros en la familia.

Por otra parte, tanto hablar de igualdad, tanto lacito para acá y para allá, tanto llenarnos la boca, y resulta que nadie habla de cómo se transforman los hombres cuando se convierten en padres... ¿o es que el cambio no es tal, al menos que afecte profesionalmente? A lo mejor es que no hay cambio alguno desde este punto de vista, pero ni en los hombres, ni en las mujeres.

Supongo que esta decisión tan desafortunada vendrá a cuenta de las bajas, de los días de permiso y las horas que hay que coger para llevar al niño al pediatra, recogerle del cole cuando se pone malito, de las reducciones de jornadas que tan mala imagen tienen en las empresas (como si nos fuéramos de copas por ahí en esas horitas de ¿asueto?). Pero es que a lo mejor, si conciliáramos mejor, si la flexibilidad se aplicara en términos de identificar productividad más con ganas de trabajar, compromiso, confianza y motivación y menos con tiempo de calentamiento de nuestros aposentos en la silla del currelo, a lo mejor, entonces, padres y madres colaboraríamos más en estas tareas, y entonces ese supuesto descontrol en las empresas sería menor. Y podrían dedicarse a tomar decisiones mucho más inteligentes para salir de este tremendo agujero.

Una pena, la verdad, que estas noticias se lancen tan alegremente con la que está cayendo, y que ninguno de nuestros políticos, de izquierda, de derechas o de donde narices sean, ninguno en definitiva, alce la voz y se queje como es debido. Una lástima. Una vez más, todos callamos la boca, y no decimos nada. Una más que lastrar a nuestras espaldas.

¿Igualdad? Permitid que me carcajee.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

En mi opinión este tipo de afirmaciones son fruto de empresas sin ideas ni soluciones que arremeten contra todo y todos a ciegas buscando algún resultado positivo. Echan y deshechan sin tener ni idea de cuáles son los factores productivos relevantes de su compañía.

Que Productividad no es ni horas ni personas. En los países desarrollados, nos superan con hora y motivación tanto madres como padres.

GUILLERMO DIAZ dijo...

Estás cargada de razón, Sonia.