jueves, 17 de enero de 2013

El arte del buen reunirse

Esta semana he tenido una reunión de trabajo. La verdad es que esta dinámica viene siendo habitual en mi profesión, como forma de encontrarnos con el cliente y tender puentes de colaboración y solución a necesidades.

No voy a entrar en este post en el contenido de la reunión, no viene al caso. Me gustaría exponer una reflexión que me surgió durante el desarrollo de la misma, en lo que se refiere a cómo nos comportamos en reuniones de trabajo, o en general, en cualquier otro tipo de reunión. Porque de un tiempo a esta parte vengo observando que más que un intento de aunar fuerzas para acercar posiciones y llegar a acuerdos, parece que son un tira y afloja por demostrar quién es el mejor, el más fuerte, el más listo, o el más que queramos en ese momento.


Parto de la premisa de que por mucho acuerdo que busquemos, solemos acudir con opiniones discrepantes, o al menos con intereses y necesidades no coincidentes. No tiene por qué ser lo contrario y además pienso que es bueno que así sea, ya que de la diferencia es posible construir proyectos mucho más interesantes.

Entiendo que las partes que intervienen en una reunión no tienen muchas veces opiniones similares. No tienen por qué tenerlas y además es bueno, a mi entender, que existan puntos de vista diferenciados para alcanzar posturas comunes que construyan algo mejor a lo inicialmente expuesto.


Pero no concibo que para poder construir sea necesario un lenguaje agresivo, de imposición de la idea preconcebida que se tiene sobre un tema. No son necesarias muecas ni gestos de desaprobación cuando la otra persona está hablando.

Porque la intervención de una persona pausada, que expone su contrapropuesta después de haber dejado hablar y explicarse al contrario, hace mucho más que 
la gesticulación airada. Porque no está de más dejar hablar para poder entender el conjunto y ampliar el radio de visión de aquello a lo que queremos llegar.

En suma, creo que en la forma que tenemos de gestionar las reuniones hace falta una buena mano de inteligencia emocional y de educación en la comunicación no verbal. Para que la exposición de los contenidos sea mucho más sencilla, más ágil y conduzca a buenos acuerdos y soluciones, tendiendo manos entre ambas partes y  favoreciendo el progreso de las soluciones y no su enquistamiento.

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