lunes, 13 de julio de 2009

¿Teletrabajamos?

Por razones preventivas durante estos meses de gestación, se me ha recomendado sutilmente trabajar desde casa, eso que se suele llamar "teletrabajar". Confieso que al principio era bastante reacia, porque eso de estar tú sola contigo misma durante tu jornada laboral, sin escuchar el ringring de los teléfonos ajenos ni los murmullos y/o comentarios de primera mano de los compañeros, ciertamente se hacía duro. Sin embargo, me está ayudando a llevar el embarazo de una forma muy agradable y aprovecho mucho más el tiempo de trabajo.

Esta alternativa me parece una muy buena opción para compatibilizar situaciones diversas en las que la vida personal puede chocar con esta manera esquizofrénica que tenemos hoy en día de llevar ciertas formas de vida profesional. Lamentablemente no es posible en todos los trabajos, y por este motivo de considero afortunada; aparte claro está de haber podido disponer de esta opción dentro de mi empresa. Las posibilidades de la tecnología son increíbles, y aún incluso entre compañeros más técnicos que yo, se hace difícil de entender que a 100 km de distancia pueda acceder a sus archivos, revisar aplicaciones o atender a usuarios tal y como si estuviera allí, en las oficinas de Miñano (Álava).

Teletrabajar supone un compromiso de confianza entre ambas partes, empresa y trabajador. En mi opinión es un paso importante a la hora de generar nuevos vínculos en la forma de hacer empresa y de participar en la empresa. En ocasiones es como si estuviera gestionando mi propio puesto, mi propia actividad, y me recuerda tiempos lejanos en los que tomé el paso de fundar mi propio negocio, con otros compañeros.

Teletrabajar sigue siendo trabajar. Aún incluso con mayor sentido de la responsabilidad que si estuviera físicamente en la oficina. Porque si allí alguno pudiera entender que ya cubre el expediente por apoltronarse frente a su PC hasta la hora del café, en mi casa asumo que tengo un compromiso mayor, una responsabilidad que tengo que mostrar en mi proyecto, por mis compañeros, por aquellos que han depositado esta confianza en mí, y sobre todo por mí misma.

Probablemente podría bajar a la playa, esa que veo desde mi ventana, y conectarme con mi portátil como vemos en los anuncios de Coca-Cola. También podría levantarme una hora más tarde o hacer muchas más cosas de esas que me comentan jocosos algunos y algunas a quienes comento mi nueva situación. Buf. Mal empezamos si cuando reclamamos flexibilidad y formas de compatibilidad personal-profesional, surge de inmediato esa picaresca tan castiza que echa por tierra cualquier intento de mejorar, empezando por estas pequeñas cosas.

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