sábado, 4 de junio de 2011

Reflexiones, sin más

1. La insolencia y la impertinencia humanas no conocen límites. En ocasiones no sabes si te hablan en serio, si es un extraño sentido del humor, si es algo innato, o si lo practican antes de salir de casa. Sea como fuere, y según cómo te pillen de ánimo, no hacen ni puñetera gracia.

2. En ciertos casos y con ciertas personas, el sentido de la solidaridad y del compromiso requieren un acicate, léase telefonazo de súplica y ruego, para que te hagan un favor que en muchos casos en un grito a la responsabilidad. Queda lejos el instinto de acudir sin condiciones, sin peticiones previas, simplemente, porque ves que haces falta.

3. La capacidad de escurrir el bulto escudados en obligaciones y necesidades creadas, es también sublime en ciertos congéneres. Si no hay el mencionado telefonazo, el escurrimiento está más que justificado. A su juicio, claro.

4. La sensación de gilipollas y mendrugo que se te queda ante tales actitudes es monumental. Y sólo te queda la satisfacción de comprobar que tus decisiones, esas que no se basan en necesidades creadas, sino en necesidades reales, traen como consecuencia arraigos y afectos insustituibles y eternos, más allá de nuestra efímera trayectoria vital.

5. Con todo lo cual, habría que reflexionar sobre quién realmente está haciendo el gilipollas, el mendrugo, o el memo.

Como ya he dicho en otras ocasiones, el movimiento que se ha desatado con el 15-M va más allá de un simple cambio en la manera de hacer política. Supone un cambio radical, brutal me atrevería a decir, en este ser tan profundamente arraigado en el españolito medio, ese de pote y huerta, con ese individualismo egoísta que se va gestando día a día hasta la jubilación, fundado en la creencia del deber cumplido, cuando no nos damos cuenta que nuestras responsabilidades y deberes en este mundo no terminan hasta que dejamos de existir. Pero de eso no nos damos cuenta hasta que la guadaña está próxima. Y entonces, cuando ya no hay tiempo para rectificar, para recuperar decisiones y afectos perdidos, entonces es cuando lo entendemos todo. Pero entonces ya es demasiado tarde.

2 comentarios:

migramundo dijo...

Todavía hay gente que dice que ese movimiento es flor de un día, que no sabe de qué va, que no le importa, que es cosa de jóvenes chalados... Todavía hay gente que no quiere escuchar. Tus reflexiones sabatinas han dado para mucho. Saludos.

Sonia dijo...

Reflexiones sabatinas, nunca mejor dicho, porque entre "sábanas" me encuentro, hastiada en este reposo obligado que amenaza con dejarme tocado el coco. Gracias por tus comentarios.