viernes, 2 de enero de 2015

¿Cuándo perdimos nuestro ADN emprendedor?

En el marco de una conversación muy interesante mantenida hace unos días dentro de las actividades en las que estoy cada día más enfrascada para fomentar la ciudadanía activa y el emprendimiento en el ámbito de Getxo, se lanzó una pregunta al aire: ¿cuándo se perdió?
Lo que se perdió fue la audacia, el arrojo, la decisión, la asunción de riesgos. Todas aquellas aptitudes que explotamos hasta la saciedad en nuestra infancia, ávidos de exploración y de conocer cosas nuevas. No teníamos miedo de saltar en el hinchable más alto, probábamos cualquier comida, tocábamos todo incluso lo intocable… Y si fracasábamos o nos dábamos cuenta que no era la mejor opción, buscábamos otras alternativas.
 
¿Cuándo perdimos ese espíritu emprendedor?
Nuestra interlocutora se lamentaba de la poca sustancia del alumnado universitario, aterrado ante un folio en blanco, incapaz de arriesgar, de sugerir, con pavor al fracaso y al ridículo.
¿Dónde se fracturó todo esto?
Nos atreveríamos a decir que el propio modelo educativo no facilita nada las cosas. La rigidez del modelo, las frustraciones que muchas veces los padres y las madres proyectamos en nuestros hijos e hijas, la competitividad mal entendida, la obsesión por un conocimiento que también, resulta mal interpretado muchas veces… Todo ello, corta las alas que desplegamos una vez, cuando fuimos niños y niñas. Y luego cuesta mucho hacerlas crecer de nuevo.
Es preciso que los diferentes ciclos educativos se hablen entre sí, que los proyectos tengan una solución de continuidad, que se trabaje en los valores y las competencias. Que se promuevan talleres de creatividad, de innovación, desde edades tempranas, para explorar capacidades. Que se haga una reflexión profunda sobre las inteligencias múltiples y tengamos la valentía de implementarlo en nuestros itinerarios curriculares. Menos deberes y más acción. Menos aletargar al alumnado universitario y más provocar. Porque si en Harvard el afán de la chavalería es cómo crear su propio empleo, por la piel de toro sigue plenamente vigente eso de “hijohazoposiciones”. Y así no vamos a ninguna parte.
El nuevo escenario al que nos ha abocado esta crisis que ha venido para quedarse más tiempo del que quieren hacernos creer, obliga a tener en cuenta estos aspectos. Porque solamente una ciudadanía emprendedora, activa y comprometida con su entorno será capaz de mover lo que hay que mover, para mejorar las cosas. Y si la legislación educativa sigue siendo tan rígida que no facilita las cosas, entonces habrá que echarle imaginación y utilizar las herramientas que ofrecen las nuevas tecnologías, los programas de apoyo a iniciativas y proyectos, y el nuevo modelo que asoma con la economía colaborativa, para provocar los cambios. Desde abajo.

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