Amigas


Hace unas semanas estuve con mis amigas tomando algo porque una de ellas había tenido un asunto familiar grave, como es el fallecimiento repentino de su padre por accidente en el monte.

Fue una circunstancia de urgencia, de esas que, irónicamente, mueve a juntar lo que de otra forma solía ser harto difícil. Aunque no voy a entrar a detalle de mis sensaciones en torno a este punto, porque creo que no es el caso y porque además son apreciaciones muy personales que escapan al objeto de este blog.

Lo que quería expresar en este momento es cómo ha evolucionado el alcance de una taza de café, con el paso del tiempo. Los roles de cada una de mis amigas no han cambiado, aunque ahora aparezca aderezado con atisbos de madurez, de cinismo, escepticismo e incredulidad. Demasiado maduro todo no sé. Mientras hablaban, me proyectaba como un espíritu, mirando todo desde arriba, y la escena era como de las de hacía 20 años, cuando quedábamos casi a todas horas para contar nuestras penas de entonces, que ahora son como de risa: exámenes, chicos, amigas, familia. Solo que ahora hablamos de otras cosas, en otro tono, con una marcada acidez.

Ahora, 20 años después, nos juntamos muy de cuando en cuando, y las noticias nos sobresaltan porque nos hacen avanzar a zancadas en la vida, de manera atropellada y sin vuelta atrás. Porque son zarpazos más que noticias, de esas que de una dentellada te arrebatan otro pedazo de tu inocencia, si es que aún te queda algo, si es que aún no te lo han arrebatado todo.

Y viendo desde arriba ese café lleno de confesiones y lamentos, confieso que me sentí tremendamente afortunada.Porque, aunque esté mal decirlo, sinceramente no tenía motivo en ese momento para resultar cínica, escéptica ni desilusinada. Tal vez porque, como dice mi padre, sigo conservando un perfil de audacia cuasi adolescente, de esa que me anima a lanzarme a cualquier cosa. Mientras otra parte de mí trata de atarse a esa supuesta madurez.

Desde arriba, proyectada sobre ese café, me quedo con mi audacia y mi absurda candidez (ahora todo se me antoja extraño, juntar ambas cosas casi me resulta un oxímoron). Para lamentarme ya tendré tiempo, eso seguro, porque también me llegará.

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