domingo, 27 de noviembre de 2011

Mi familia es racista, ¿y la tuya?

Recientemente mis compañeros de CEAR Euskadi han puesto en marcha un taller titulado "Hola soy Pepita. Mi familia y amigos son racistas". El objeto es echar una mano a quienes estamos comprometidos en la lucha contra la intransigencia, la intolerancia y el racismo, frente a todos aquellos que esgrimen mil y un argumentos para justificar sus comentarios, básicamente racistas pero que al estar amparados en datos supuestamente objetivos parece que están dando los resultados de un informe del Eurobarómetro.

Y es que resulta curioso que nos tiramos horas currelando en esto de la lucha contra el racismo (bueno, yo ahora algo menos porque estoy con esto de la lactancia), pero luego cuando nos vienen con los rollos de los medicamentos, las ayudas sociales, la vivienda, y tal y tal, no tenemos argumentos para combatir tales disparates, aun sabiendo que son datos erróneos, falsarios y mal interpretados.

No pongo en duda que habrá congoleños, bolivianos y rumanos sumamente caraduras, malas personas, aprovechados y sinvergüenzas. Más o menos, como conquenses, madrileños, bilbaínos de pro, gallegos, catalanes, etc., que los habrá, sumamente hijos de su madre y desgraciados a más no poder.

Pero igual que a los vasquitos nos tocaba la moral que en Madrid nos quemaran el coche por nuestra matrícula, o que tuviéramos que saber de política antiterrorista en cualquier farra nocturna ante las preguntas del colega de turno que quería ligar con una, al enterarse que era de Bilbao, pues digo yo que no será plato de gusto para los congoleños, bolivianos y rumanos, por decir, que viven en nuestro país, el tener que escuchar sandeces de ese pelo un día sí, y otro también. Y no sólo escucharlo, sino también padecer sus consecuencias.

Porque la tipa que llevaba un porrón de años sin currar beneficiándose del erario público no era "extranjera", sino italiana de toda la vida. Y anda que no conozco yo vizcaínos de pura cepa que viven como quieren aprovechando las ayudas públicas y chupando la sangre, y el bolsillo, a la familia. Total, mientras la vaca dé leche y no se queje...

Así que bienvenido sea este taller de CEAR Euskadi, a ver si aprendemos algo para dar con la puerta en las narices a todos esos comentarios, y de esta forma ir educando a la gente en la información veraz y objetiva. Que ya es hora.

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