martes, 25 de octubre de 2011

June

Escribo este post mientras June duerme plácidamente en mis brazos. Después de nueve meses de un embarazo no precisamente fácil, el objetivo se ha conseguido y por fin ya está aquí.

No son suficientes estas líneas para agradecer a mis padres sus esfuerzos, renuncias y sacrificios durante todo este tiempo, con una atención sin límite para con mi familia. No sé si yo seré capaz algún día de atender así a mis dos hijas. Gracias también a mi marido Agus, que aunque no cumple sino con su papel de esposo y padre, no resulta por ello menos elogiable, ya que el valor no se supone ni en la guerra, y son estas situaciones las que demuestran la valía de un hombre.

June nació el lunes 17 de octubre, previa versión cefálica realizada el jueves 13 porque venía de nalgas. Vamos, que el meneo no debió gustarle mucho y el lunes rompió la bolsa para salir, casualmente a la misma hora que su hermana Leire. 

Fue un parto sencillo, aunque la placenta, otrora despegada y fuente de preocupación, se había aferrado a mi útero como una lapa y tuvieron que sacarla con la mano. Ironías de la vida.

Ahora ya somos cuatro en la familia, quién me lo iba a decir.  Queda lo mejor, que es adaptarnos a la nueva situación, organizarnos con nuevos horarios, necesidades y aprendizajes de todos y cada uno de nosotros.

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