domingo, 14 de agosto de 2011

Los Tudor, la serie

En los ratitos de somnolencia de Leire, mi marido y yo aprovechamos la ocasión para diferentes menesteres, y uno de ellos es ver un poco la televisión, o mejor dicho, desgastar los botones del mando a distancia, porque la verdad es que cada día da más penita este medio de comunicación.

Los jueves matamos el rato con la serie Los Tudor, que relata la vida y obra de Enrique VIII, generosamente caracterizado para solaz de las jóvenes y no tan jóvenes. Vamos, que el tío era maquiavélico y cruel, pero como está de buen ver en la serie, hasta se le perdona y todo.

En teoría la serie intenta reflejar, excepción hecha de la mencionada licencia de caracterización del protagonista, cómo era la vida de la época. Y sinceramente, no cambia demasiado a como es ahora, si no fuera porque ahora vamos en coche en lugar de en caballo, y que para celebrar magnos eventos contratan a Shakira en vez de a saltimbanquis. Y es que la corte del monarca está llena de intrigantes y malos malísimos, personajes que rebosan codicia, ambición y maldad por todos sus poros. Por mucho oro, seda y demás lindezas, siempre hay unas mazmorras oscuras y terroríficos instrumentos de tortura que ponen los pelos de punta. Y qué decir de la forma de ejecutar a la gente.

Lo triste de todo esto no es que fuera así realmente en aquella época. Lo lamentable es que la serie se recrea en los truculentos detalles de las torturas y las ejecuciones, reflejando paso a paso el sufrimiento humano. Así que mientras unos extras interpretan en la serie el jolgorio de la época cuando veían chorretear la sangre de los desdichados, otros lo vemos tranquilamente en la poltrona del sofá, si me apuras hasta picoteando algo.

Cosa que tampoco debe extrañarnos, cuando somos capaces de ver las imágenes de Somalia, la represión de Siria o las revueltas de Londres, mientras cenamos opíparamente.

Vamos, que la vida sigue igual, sólo que ahora llevamos vaqueros y no jubón, y bebemos Coca Cola en lugar de agua.

Triste triste

1 comentario:

Iñaki Alonso Isusi dijo...

Permíteme que te recomiende la película A man for all seasons, el ejemplo de un verdadero político y hombre íntegro que fue Tomás Moro, un hombre para la eternidad.