jueves, 7 de abril de 2011

Que me quede como estaba

En España rozamos el 20% de paro, el Euribor amenaza con subir, los trabajadores prejubilados de la Babcock tienen que volver a trabajar para ser despedidos en un nuevo ERE kafkiano. Portugal, en un suma y sigue, se une al dudoso club de los países europeos necesitados de rescate para no caer aún más en el abismo. Y en medio de todo esto, los eurodiputados han dicho un abrumador y vergonzoso "no" a la propuesta de recortar algunos de sus privilegios, como puede ser el de viajar en primera clase en avión, por ejemplo.

Supongo que los asientos de primera y de turista serán más o menos los mismos, habida cuenta que las posaderas no conocen de élites ni clasismos, y sus necesidades son muy básicas y elementales. Eliminada por tanto esa hipótesis, toca entonces llevarse las manos a la cabeza y quejarnos con hondas lamentaciones por este insulto al resto de los congéneres que padecemos, no todos con la misma intensidad, una crisis que se está convirtiendo en algo cuasicrónico.

Nos llevaremos las manos a la cabeza y nos lamentaremos en los medios de comunicación, en esos debates mañaneros donde algunos y algunas llaman por teléfono para hacerse oír. Nos llevaremos las manos a la cabeza y nos lamentaremos en las reuniones familiares, en el rato del café en el curro por parte de quienes sigan teniendo el privilegio de trabajar, en la compra, en la cola del paro, en la residencia de ancianos...

Pero luego, cuando nos quedemos a gusto tras las lamentaciones de turno, volveremos a lo nuestro, usease, a qué pasará con el Real Madrid y el Barcelona, qué pasará con la Esteban, qué pasará con una tal Chayo que no tengo ni idea de quién es. Seguiremos tragando telebasura a cualquier hora, porque en este tiempo de baja he podido comprobar que no hay franja horaria que se libre (Dios salve a Internet). Y todos tan contentos.

Porque parece que en este mundo que vivimos nuestro nivel de aborregamiento es tal que no tenemos lo que hay que tener para levantarnos, quejarnos, movernos, intentar cambiar todo esto, de alguna manera. Nos contentamos con quedarnos como estamos, y que se nos haga notar poco, no sea que nos muevan del sitio y la liemos. El que venga detrás, que arree.

Y así nos va.

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