miércoles, 16 de marzo de 2011

Kfé03-Innovación en la ciudad.

Ayer martes asistí a la sesión del Kfé03-Innovación, en el Hotel Los Tamarises de Algorta (Getxo). En conexión simultánea con Sevilla y Barcelona, alrededor de 20 personas estuvimos debatiendo sobre cómo participar y hacer ciudad, con las redes sociales (o no) como compañeros de viaje.

Por el camino quedaron temas que no pudieron abordarse, tan intenso fue el debate suscitado, como por ejemplo, todos los referentes a proyectos colaborativos y participativos, así como experiencias en pro de ciudades más humanas y solidarias.

En general, me pareció una experiencia intensa e interesante. Y ello no sólo por la posibilidad de poner cara a muchas personas de las que sólo conocía su perfil 2.0, o de darme cuenta de mis limitaciones con Twitter, sino también por las cuestiones que se suscitaron. De todas ellas, voy a dejar las referentes a la movilidad urbana, uso de la bici en la ciudad, iniciativas para compartir coches, el modelo de Vitoria-Gasteiz o la importancia de la visión infantil en la definición del modelo de ciudad, para quedarme con el debate suscitado en torno a la participación ciudadana, que creo todos los asistentes estarán de acuerdo en que fue el más jugoso de todos.

Al hablar de participación, se comenzó reflexionando en torno al papel que las nuevas tecnologías y en concreto las redes sociales y todo lo que gira en torno a ellas tiene en la definición de las agendas políticas y electorales, así como en la relación de políticos y administraciones con la ciudadanía.

En este sentido existen experiencias sumamente interesantes a nivel de la administración para provocar esa participación bidireccional, esto es, que la ciudadanía pregunte, y alguien al otro lado no sólo escuche, sino también responda. Tal es el caso de Irekia. Se trata al final de que la comunicación sea fluida, que no caiga al abismo de la red y se pierda en el maremágnum de sitios web que nos inundan.

Entiendo que las dificultades que existen en este momento en torno a este asunto no resultan únicamente achacables a las reticencias que provoca este mundo de las redes sociales, que parece que está generando una nueva tribu urbana con sorprendente capacidad de influencia creo que aún no suficientemente aprovechada por los miembros de tal tribu. Yo opino que estas dificultades tienen raíces más profundas. Y así, en el caso de la ciudadanía, el desencanto no es ya hacia las nuevas tecnologías y el miedo que nos están metiendo todo el día en el cuerpo, sino hacia el concepto mismo de la política, que ha quedado completamente desvirtuado y asociado, sistemáticamente, a corrupción, enriquecimiento, mentiras, manipulación, y por supuesto, a olvido al ciudadano. Atrás, muy atrás, quedaron las utópicas enseñanzas de los griegos, esas que aprendimos los que visitamos la Facultad de Derecho.

Se impone pues, un arduo trabajo de convencimiento, de concienciación, de recuperación del poder de la ciudadanía, como se viene demostrando en estos últimos meses. Y aquí creo que la tribu 2.0 tiene un importante papel, lanzando iniciativas tuiteras, bloggeras o feisbukeras, pero que después tengan una visibilidad en el barrio de turno, para que todos, sin excepción, tengan su oportunidad, aunque no se muevan en el terreno de la red.

En el caso de la administración y nuestros políticos, nos encontramos con un aferramiento obsesivo, en muchos casos, al famoso refrán "más vale lo bueno conocido...", que refleja como nadie la esencia del españolito medio "virgencitaquemequedecomoestaba". No dudo de la existencia de imprendedores, como señalan Alberto Ortiz de Zárate e Iñaki Ortiz, porque de hecho conozco alguno. Pero todavía sigue presente, en número alarmante, la figura del funcionario desmotivado, sin ganas de mejorar, innovar o cambiar, hastiado de su trabajo y para quien cualquier mejora en sus sistemas de trabajo supone un extra insoportable de tareas y lo que es peor, termina por lastrar a todos los demás que caen en su onda expansiva. En relación a este tema ya he hablado en muchos de mis posts, porque me pilla muy de cerca, e insisto en que el trabajo de campo a realizar en este caso es tanto o más importante que el que hay que realizar con la ciudadanía. ¿Puede la tribu 2.0, toda en su conjunto, contribuir a esta tarea para con el personal funcionario, y con los políticos, para que no sea sólo recibir, sino también ser proactivo e implicarse? Yo creo que sí.

Como conclusión, estamos ante una realidad completamente nueva. Y si es cierto que nuestros hijos son nativos digitales, y probablemente en 25 años todo esto quedará superado por otras cuestiones, ahora, en este momento, es muy importante dar un giro radical a cómo entendemos el construir participación, el motivar a las personas, cualquiera que sea su perfil o puesto. El mundo 2.0 es un nuevo escenario indiscutible para aportar ideas en este sentido, de ejecución virtual o presencial, pero indiscutible en todo caso. Sólo si somos capaces de dar este giro, nosotros que somos arrimados digitales, podremos dar cobertura a los nativos digitales que vienen detrás.

1 comentario:

Isabel dijo...

Querida Sonia,
Felicidades por el apunte, estoy completamente de acuerdo con lo que en el has escrito. Solo decir que, aunque poc@s, en Lleida también estuvimos presentes.
Un abrazo.