lunes, 13 de diciembre de 2010

Bob Esponja no vale tan caro

El próximo 8 de enero, Bob Esponja visitará el BEC para ofrecer un espectáculo dirigido a los más peques. Hasta aquí, se trata de una iniciativa interesante y divertida para los chavales y chavalas que sienten en sus carnes el tejido blanducho de este personajillo, entonando su canción allá por donde pasan. Sin embargo, muchos de estos pequeñajos tendrán que conformarse con seguir viéndolo por la tele, y la mayoría ni siquiera se enterará de su paso por Bizkaia. Y todo, porque la entrada más barata para ver a este pedazo de esponja submarina cuesta 25 euros.

Veinticinco euros, en plenas fiestas navideñas, en plena crisis interminable, en plena sociedad de consumo repugnante y absorbente, me parece un insulto, una bofetada en la cara. Y sería una más, si no fuera porque ese insulto, esa bofetada, cae a bocajarro sobre los más pequeños de la casa. Esos que sin más se pegan al televisor botando sobre el sofá, de un lado a otro, mientras tararean como locos "Bob Esponja Bob Esponjaaaaaaaaaaaa", porque es un tipo parecido a ellos, que se preocupa de las cosas realmente importantes, y que intenta solucionarlas con lo que tiene a mano, evitando recurrir a artilugios propios de la adultez, que por lo general no suelen resolver nada.

Entiendo que desde el punto de vista del mercado, desde el punto de vista del negocio, me dirán que la función tiene que comer, tiene que vivir, que ellos también padecen la crisis, blablablabla... Pero hablamos de niños, hablamos de la Navidad, hablamos de su ilusión. ¿No pueden las instituciones o los agentes socioeconómicos (no sé, se me ocurre, alguna entidad financiera), rascarse el bolsillo para que esa entrada no salga tan cara? ¿No hay nadie ahí fuera que tenga dos dedos de frente para entender que todos los niños, y no sólo aquellos cuya familia puede permitirse un desembolso mínimo de 50 euros (niño y un adulto), que todos repito, tienen derecho a ver satisfecho este caprichillo?

Vale que muchos me saldrán con el rollo de la sociedad de consumo, que hay que educar a los niños para que no caigan en las fauces del consumismo, y tal. Pero es que siempre hay que enseñar a los mismos. Y cansa.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Parece ser que tu entrada ha servido para algo. Hoy regalan 1000 entradas en Madrid a los niños de padres sin trabajo.

¡Enhorabuena, no todo van a ser chalets de 100.000.000 de EUR"