miércoles, 10 de noviembre de 2010

Visión global

En los últimos meses vengo observando una serie de necesidades en los clientes con quienes trabajo, que estamos cubriendo desde mi equipo de una manera informal. Cuando digo "informal", me refiero a que se está realizando sin que estuviera inicialmente previsto en el contrato, al menos no de una forma explícita. Y pese a ello, detecto e intuyo que se está convirtiendo en un valor añadido relevante en el desarrollo de los proyectos tecnológicos, que a la sazón y aunque parezca extraño por mi formación, es a lo que la vida me ha llevado.

Las tareas que se ejecutan en este caso alcanzan a cuestiones organizativas, que en muchos casos quedan imbuidas bajo el término genérico de "gestión del cambio". Hasta ahí, vale. Pero también se llevan a cabo otras, que quedan fuera de lo que pudiera pensarse que resulta colateral a un proyecto de esas características (implantación de un sistema de información) pero que, a mi juicio, y hoy tal vez más que nunca con todo esto de la e-administración, se está convirtiendo en una necesidad que tiene que ser valorada y posicionada en su justa medida. Me estoy refiriendo a los cambios normativos, y a la necesaria intervención de los técnicos en colaboración con el cliente para pensar y redactar tales cambios. Cambios que pueden ir desde la redacción de una disposición normativa, pasando por la elaboración de un acuerdo/convenio de colaboración o simplemente de una circular/instrucción interna.

De todos es conocido la tradicional aversión entre informáticos y juristas, que no terminamos de entendernos cuando, a mi parecer, es una relación que está abocada al matrimonio sin duda. Y pienso que es una relación en plan "Los Roper", es decir, ni contigo ni sin tí, y que a lo mejor es el momento de dejarnos de hipocresías y asumir que sí, que también en estos proyectos "de informáticos", hay una vena jurídica que hay que tener en cuenta. Y lo digo tanto para los informáticos como para los juristas, que aquí hay para todos.

Creo que aportar esta realidad en las ofertas constituye un valor añadido de suma importancia para el cliente, que cada vez más establece una estrecha relación con el proveedor, más allá del simple suministro de software. Es el momento de consolidar estas relaciones, aceptando el rol que estamos adquiriendo progresivamente en el cliente, sobre todo en aquellos con los que llevamos varios años de colaboración, y dotarnos por tanto de equipos multidisciplinares y flexibles, es decir, capaces de hacer llegar su conocimiento y saber hacer en los proyectos donde se les requiera. No sé qué opináis al respecto, a mi modesto entender creo que trae muchas más ventajas que inconvenientes, para el cliente y para el proveedor. Pero estoy abierta a opiniones.

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