lunes, 4 de octubre de 2010

Qué es para mí la innovación

En uno de mis anteriores posts prometía una reflexión en torno a lo que yo interpreto que es innovación. Ya que desde hace unos años, me atrevería a decir que desde que este término se puso de moda en los programas electorales de nuestros políticos, se utiliza a troche y moche, con descontrol y auténtico despropósito.

Y es que para muchos, sobre todo para los que no lo catan, hablar de innovación es sinónimo de tecnología. Y sí, pero no. Vamos, parafraseando a Martes y Trece, puede ser lo mismo... pero no tiene por qué ser igual.

La innovación, in my humble opinion, es la puesta en valor del conocimiento y del saber hacer de las personas, sacándolo a la luz bajo fórmulas distintas a las habituales, lo suficientemente relevantes como para ser capaces de atender a demandas o necesidades ya existentes o tal vez nuevas, pero en todo caso vigentes y sin cubrir. En este contexto, es indudable que la tecnología juega o puede jugar un relevante papel, como medio e instrumento para dar forma a esas ideas. Sería absurdo negarle el protagonismo que tiene, desde el momento en que es parte fundamental de nuestras vidas, en todas sus facetas.

Sin embargo, opino que ese protagonismo debe encajar en su justo lugar, sin que llegue a cegar la valoración del proyecto, de su alcance innovador en sí mismo. Con esto quiero decir que a la hora de evaluar, pongamos por caso, un proyecto de negocio (siempre y cuando no sean proyectos relacionados con las TIC, evidentemente), no se debería supeditar todo absolutamente a si incorpora o no tal o cual tecnología, sino que se deberían tener en cuenta otras cuestiones, tanto o más importantes, como son el conocimiento, el efecto creador de la idea, su capacidad para generar negocio, su capacidad para resolver problemas o necesidades. Y luego, si además aporta un componente tecnológico para facilitarlo, pues mejor que mejor. Pero la tecnología siempre puede llegar después, siempre puede dar pie incluso a proyectos de crecimiento dentro de ese negocio, que lo encumbren y generen nuevas ideas.

Lo normal últimamente es que un proyecto innovador venga ya con una solución tecnológica debajo del brazo que le da soporte y que constituye una carta de presentación muy interesante para los agentes financiadores. Pero no estaría mal, sobre todo ahora que está cerca el Foro del Emprendimiento, que las entidades que promueven la creación de empresas valorasen los proyectos que no traen ese plus (por el motivo que sea), desde la perspectiva de su potencial innovador, entendido desde esa perspectiva amplia, centrada en el conocimiento, planteando iniciativas de conexión con empresas de tecnología que pudieran orientarles y darles soporte (y conste que con esto no estoy arrimando el ascua a mi sardina, lo juro). Creo que de esta forma se darían sinergias muy útiles, más en los tiempos que corren, ya que el nuevo proyecto quedaría más completo, y las empresas establecerían redes de colaboración que pueden ser interesantes a futuro.

Las nuevas herramientas de comunicación (redes sociales fundamentalmente), pueden contribuir muy favorablemente a esta difusión de ideas innovadoras y a esta interacción final entre conocimiento-personas-tecnología, como de hecho me consta que ya se está haciendo. Ahora sólo falta que se difunda adecuadamente para que afloren todas esas ideas innovadoras que sólo conoce, muchas veces, la almohada.

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