domingo, 29 de agosto de 2010

El rasero

No entiendo este mundo. Supongo que como todos. O eso creo. Porque a nada que me paro un poco a reflexionar, a observar, a mirar, todo va demasiado rápido, las noticias se suceden delante de nuestros ojos y no tenemos tiempo de digerirlas. Pero a mí se me quedan clavadas, siquiera sea por un instante, la mirada implorante de los niños pakistaníes en las interminables colas para conseguir un plato de algo que las organizaciones humanitarias llaman comida. Es sorprendente la condición polisémica de esta palabra, que según dónde te encuentres, puede empachar, alimentar, o simplemente, cubrir el expediente.

Yo no puedo dejar de pensar en esa mirada, en esas manos que se extienden al infinito. Y miro las imágenes de esas inundaciones que asolan un país que ya estaba bastante desolado.

Y no entiendo cómo puede ser que técnicos de la NASA lleguen en un plis-plas a Chile para rescatar a los 33 mineros enterrados en vida, y sin embargo, ante catástrofes como estas, nos limitemos sin más a informar diariamente de lo mucho que está subiendo el caudal de los ríos, de los crecientes riesgos de epidemias, y de la previsión de niños que pueden morir de desnutrición y deshidratación. Todo, por no tener los recursos.

Perdonad pero no lo entiendo. Será el síndrome postvacacional.

1 comentario:

Naia dijo...

No, no es síndrome postvacacional, sino que sabes pensar y sentir. Qué razón tienes y qué sensación de desazón y de impotencia me dejan a mí también estas inmensas injusticias y desigualdades. Todos los días.