Y ahí estaba yo, con un agujero en el estómago más grande que el de la capa de Ozono, anhelando esa nueva parada donde se suponía que, por fin, íbamos a degustar nuestras viandas, que por otro lado estarían ya criando, desde la hora en que la suegri nos había preparado los bocatas. La siguiente (y última, gracias Señor) parada de este periplo inenarrable (e irrepetible, a riesgo de nuestro matrimonio) era Pineda de la Sierra. Un pueblecito agradable, de esos de paso para tomarse un cafecito en el bar-restaurante, con el par de paisanos que no se terminan nunca su café con gotas, con aroma a tabaco rancio y al pelo quemado de las cabezas de jabalíes, corzos y ciervos que adornan las paredes. Poca luz y cuatro tapas pasadas de fecha tras el mostrador, pese a lo cual uno sigue pensando que se puede comer bien ahí, sobre todo en invierno, con tantos bajo cero... Bueno, al hilo de esta descripción os podéis hacer una somera idea de mi agujero estomacal. Y es que para no variar, antes de l...
Llevamos ya unos días en los que, cuando terminamos el aplauso de las ocho de la tarde, ese que venimos haciendo desde que nos metimos en esta crisis sanitaria+estado de alarma, en apoyo del personal sanitario y de todas las otras profesionales que se están dejando la piel en esta situación excepcional, mi hija June, de ocho años, entona con su flauta el himno de la alegría, recientemente aprendido en clase. Es un ritmo irregular, aunque bastante logrado. El propio de una niña de ocho años que tiene la asignatura de música en el colegio. Es un ritmo que te pone los pelos como escarpias. Porque el vecindario empieza ya a acostumbrarse a eso, a que después de los aplausos, toca June con su flauta. Y la gente la aplaude. Y nos sonreímos. Y nos despedimos con la mano. Y ya. Entonces pienso que esta crisis no puede ni debe caer en saco roto. Porque aunque salen a la luz las mezquindades de muchas personas (fakes irresponsables, avaricia inconsumible que quiere aprovechar el tirón, l...
Mujeres que se hacen y dejan ver en la blogosfera. Huevos imposibles con aromas y sabores que nos evocan otros lugares. Y muy buen ambiente. En el II Encuentro de Bloggers de Getxo celebrado hoy 20 de noviembre en el Conservatorio de Música Andrés Isasi de Areeta (Getxo), seguro que muchos, como yo, nos hemos quedado con ganas de más. Con ganas de hablar más con Noemí Pastor y disfrutar de su verbo rápido, no sé si tanto como el de Lucía Martínez Odriozola , pero ahí andan, a la zaga una de otra. El encuentro ha mantenido el tono de frescura que lo caracterizó en su estreno, hace ya un año, pero ha delatado su adolescencia, sus ganas de impactar, de arrastrar, de influir... Como los tantos y tantos bloggers influyentes que allí hemos estado. Los que todavía tenemos mucho que aprender (y no es falta de ganas, sino de tiempo... Todos no tienen una santa de hija como Cristina Juesas y duele al alma eso de robar horas de sueño para conectarse. Mea culpa), hemos disfrutado de lo lin...
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