sábado, 23 de enero de 2010

Miradas que apagan la luz

Desde hace unos días nos bombardean con noticias dramáticas sobre una tragedia, esta vez en Haití. A todas horas seguimos recibiendo mensajes de todo tipo, sobre todo con muchas cifras, con mucho volumen de datos. Tal vez así se contribuya a diluir la realidad del horror; a sencillamente hacerlo más llevadero para nuestros estómagos llenos y nuestra vida cómoda y sin embargo, tan quejumbrosa para algunos y algunas...

Yo me quedo con las fotos, las que estoy viendo últimamente en el diario La Vanguardia (que no entiendo por qué, se distribuye gratuitamente en el Hospital de Basurto, en Bilbao). Y me quedo con una de un chaval de 9 años, que se aferra con desesperación a una improvisada valla para gestionar la cola de distribución de comida. Sus enormes ojos están aún más abiertos si cabe, aunque no miran a ninguna parte, sólo destilan desesperación, hambre, y una "adultez" sobrevenida de repente y sin pedir permiso. Su boca es una hilera de dientes encrespados, que chirrían unos con otros, como queriendo dar fuerza a su cuerpo para sujetarse cual lapa a la improvisada valla. Porque esa parece ser su garantía de comer, no sé desde hace cuánto tiempo.

Es lamentable una tragedia como esta, un terremoto que, para no variar, azota y deja un panorama de desolación entre quienes ya estaban bastante desolados. Pero aún me parece más lamentable los dimes y diretes que a cuenta de este asunto se trae la comunidad internacional. No voy a entrar ya en la inoperatividad de la Unión Europea para intervenir como Unión que dice su nombre en tales desafíos, ya que no es la primera vez que asistimos a este espectáculo bochornoso (por muchos cargos y titulitos que se les ocurran en este y sucesivos Tratados). Tampoco voy a entrar en las declaraciones de los políticos depuestos de Haití, apoyados tácitamente (o no) por otros países. Y tampoco voy a meterme con la incursión de los marines, que dicho sea de paso, nos parezca mejor o peor, parece ser que ha sido la única forma de meter un poco en vereda el caos que se vive allí.

Yo me quedo con una pregunta. Y es que no es la primera vez. ¿Por qué siempre que ocurre algo así, la ayuda se amontona y nadie sabe gestionarla? Si tan rápido se han preparado protocolos a diferentes niveles para la gripe A (por cierto, ¿a dónde se ha ido?), ¿tan difícil es diseñar un protocolo similar para gestionar este tipo de catástrofes y que esté a mano de todos los Estados y organizaciones internacionales? Porque sólo con estrujarse un poco la masa gris y conseguir algo así, a lo mejor ese chaval de la foto no tendría esa cara de desesperación supina, que no es tanto por el terremoto, sino por el caos posterior.

Como dice uno de mis clientes... "mi no entender..."

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