domingo, 3 de mayo de 2009

Un paseo por el valle del Saja-Nansa (Cantabria)


Voy a iniciar con este post una nueva sección en mi blog, que hará referencia a mis experiencias turísticas. Comienzo en esta ocasión con una breve reflexión sobre la zona del Saja-Nansa, en Cantabria. Es esta una zona muy hermosa, con numerosas rutas de senderismo aptas para todos los públicos, y muy conocida por la belleza y singularidad de algunos de sus pueblos, así como por su gastronomía.

Nos alojamos en Los Tojos, en la Posada La Colodra, una bonita casa rural situada en uno de los pueblos típicos del valle, muy tranquilo (desayunábamos en el porche, mientras veíamos a los paisanos bajar con la lecherita, o subimos en su tractor). No obstante, hay que decir que les costaba un poco encender la calefacción, y la limpieza no era el estandarte del establecimiento. Será que somos un poco tiquismiquis, pero en tres días que hemos estado, capturamos tres arañas no precisamente pequeñas...

En cuanto a la gastronomía, qué contar. Después de estos días por esta zona de Cantabria me ha surgido un interesante tema de investigación, cual es el tamaño máximo alcanzable por el estómago humano. No sé si la gula puede tener un efecto de onda expansiva en este órgano vital para nuestra existencia. La cuestión es que mientras durante el día no se veía ni un alma por los pueblos ni por las carreteras, y campábamos a nuestras anchas por los miradores, paseos y pueblecitos, a la hora de comer los restaurantes más emblemáticos se ponían a rebosar y la gente aparecía de repente, como zombies ávidos en este caso de cocido montañés, chuletón de vaca tudanca y lechazo, entre otras sanas viandas.

Cierto es que todos estos platos tenían una pinta estupenda, y me ha sorprendido gratamente que la presentación y la degustación ha sido sobresaliente. Otra cosa son mis reflexiones un tanto ácidas sobra la capacidad que tenemos las personas para tragar y tragar, tomando, eso sí, sacarina con el café que pone punto y final a una suculenta comida.

Voy a recomendar algunos sitios que nos han gustado especialmente, aunque vaya por delante que nosotros no nos atrevimos ni con el cocido montañés, ni con el chuletón ni con el lechazo entre otras viandas, del pelo.

Destacaré en primer lugar la Posada Restaurante La Franca, en Bárcena Mayor. Al entrar parece la típica tasca de pueblo, y el comedor es rústico donde nos haya. Sin embargo, algo tiene que haber cuando ha sido recomendado por la guía Trotamundos, porque la presentación y el sabor de los platos fue superior. Os recomendamos la ensalada de jamón y manzana, de original textura, y el muslo de pollo relleno de carne picada y verduritas.

En segundo lugar, el Restaurante Casa Lucas. Que además de servir comidas, es también el panadero-repostero oficial del valle, con sus furgonetas subiendo y bajando los puertos de montaña toda la mañana. El servicio es excelente, y las raciones generosas. Nos quedamos con sus truchas del Saja o los lomos de liebre con salsa de almendras. Sin olvidar su surtido de helados caseros (mango, grosella e higos), o la torrija de sobao con sorbete de orujo lebaniego.

Y ya para terminar, el Restaurante La Cabana, en Reinosa. A este llegamos por casualidad, porque no es fácil encontrarlo. Es una brasería de estilo moderno, con un maître apasionado por su carta, que la describe con todo lujo de detalles. Se trata de un restaurante que combina los sabores ya conocidos en un mundo globalizado como el actual (carne argentina, pasta italiana), con sabores cántabros muy conocidos (queso de Tresviso, por ejemplo). Muy interesante.

En fin, que con estas descripciones, se me ha hecho la boca agua. Pero será cuestión de iniciar otra vez la dieta de la monotonía, que siempre resulta más sana, para ganar espacio de cara a futuros viajes.

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