domingo, 18 de enero de 2009

El emprendedor inmigrante ante la crisis

En el marco del trabajo que desarrollamos algunos voluntarios en CEAR-Euskadi, para promover y apoyar los proyectos de autoempleo presentados por personas inmigrantes, no podemos ser ajenos al contexto actual de crisis económica, que presenta un mar de incógnitas. Recientemente hemos preparado un breve estudio para el informe anual de CEAR, en el que exponemos nuestra opinión sobre esta situación que afronta el emprendedor inmigrante.

Nos ha resultado grato comprobar las investigaciones y estudios que existen sobre este asunto, tanto desde la Fundación La Caixa ("El empresariado inmigrante en España", Solé, Parella, Cavalcanti) como desde el Ministerio de Trabajo e Inmigración ("El empresariado étnico en España", Beltrán, Oso y Ribas). También quisiera agradecer desde aquí a Nahikari Irastorza la abundante bibliografía referenciada para poder abordar este estudio, que esperemos resulte en algo más que el artículo a publicar en el referido Informe Anual de CEAR.

A modo de resumen, me gustaría exponer algunos de los aspectos comentados en el informe, en lo que se refiere a las dificultades "añadidas" que un emprendedor inmigrante puede encontrar en estos tiempos de crisis:

•Por un lado, desde el punto de vista del tipo de actividad que mayoritariamente se ponen en marcha, no hay que olvidar que corresponden casi siempre a sectores de ocio y consumo (hostelería, comercio al por menor, servicios, etc.), de por sí más vulnerables en épocas de crisis y restricción del consumo y del gasto.

•Por otro lado, la actitud de las entidades públicas y privadas respecto al autoempleo se torna paradójica. Ya que si por un lado les interesa fomentar el espíritu emprendedor y apoyar proyectos empresariales que permitan recortar las elevadas tasas de paro y mejorar el tejido económico de nuestro entorno más próximo, por otro sin embargo se vuelven más cicateras en la valoración de los proyectos y en la concesión de la financiación, exigiendo "innovación", no siempre interpretada más allá de la evolución tecnológica, y no admite la realidad de un nuevo contexto imparable de interculturalidad de nuestras sociedades y de demanda de nuevos servicios, que el colectivo inmigrante puede aportar, tanto por los tipos de negocio como por la forma de prestar “los de toda la vida”.

•No hay que olvidar que la crisis económica está creando situaciones vitales insostenibles para muchas personas inmigrantes, que se ven abocadas al autoempleo como solución de simple supervivencia. Esta opción en muchos casos es arriesgada, tanto por la situación legal en la que se encuentran , y que se puede ver perjudicada por la decisión tomada, como por el tipo de negocio y la formación del emprendedor, movido más por el corazón que por una visión racional y realista de la situación. En estos casos, insistimos en la importante labor a realizar por el orientador, en estrecha colaboración con las personas que trabajan por la inserción laboral, de cara a articular canales de cooperación y antenas de empleo eficaces, que orienten de la forma más adecuada en cada caso.

•Finalmente, no podemos escapar a los conatos de racismo que una situación de recesión económica provoca en la ciudadanía, que tiende a preservar para sí cualquier terreno de actividad, en detrimento de la aportación y la realidad del colectivo inmigrante.

¿Cómo intentar ser optimistas en este pozo tan negro que nos pintan día tras día? Sería ingenuo afirmar que es cosa fácil ponerse hoy el sombrero de emprendedor. Pero tampoco es imposible. A un perfil determinado, capaz de afrontar el riesgo inherente, se ha de añadir, a mi juicio, la intervención decidida del orientador y técnicos trabajadores en este ámbito, que realicen un acompañamiento más allá de la consecución de la subvención pertinente y sepan plantear alternativas al autoempleo cuando la idea no sea oportuna o conveniente.

2 comentarios:

GUILLERMO DIAZ dijo...

Hola. Leo tu post que me resulta en algún modo nostálgico y a la vez me siembra la duda porque no sé si llegamos a conocernos personalmente.
Yo he colaborado como voluntario con CEAR hasta finales del 2007 y además de orientación jurídico/laboral (programas de empléate y dirígete) me ocupaba de ayudar a inmigrantes en la viabilidad de sus proyectos de autoempleo.
Ha sido una experiencia muy bonita e interesante para mi.Y además me servía de ejercicio físico al subir tantas escaleras para llegar el último piso. Yo creo que mas de 200 ja.ja.

Sonia dijo...

Hola,

Pues ahora que lo dices a lo mejor sí, me quiere sonar una reunión hace ya tiempo donde coincidimos con Nerea Askasibar, quien sigue colaborando...

Yo sigo colaborando, de forma peculiar por mi horario de trabajo. Vamos, que me libro de subir las escaleras y me suelo reunir con los usuarios en la sede de Bolunta.

Con escaleras o no, es de las mejores experiencias que tengo. Una vía de escape ideal al trabajo y a las tonterías diarias.