viernes, 24 de octubre de 2008

Un mar de mentiras para llegar a la Verdad

Parece paradójico pensar que sea necesario aceptar realidades falsas y equivocadas para obtener supuestas verdades. Esta ha sido la misión de la Física desde que la Humanidad la concibió: Crear modelos falsos para explicar la compleja realidad que nos rodea. Como decía un ilustre profesor de Óptica de mi universidad: "La Física es el arte de aproximar (o mentir)".

Serían innumerables los paralelismos que se podrían encontrar en la vida cotidiana en multitud de ámbitos: Personal, profesional, político, etc. ¿Quién no ha dicho una mentira piadosa para lograr un objetivo con mayor facilidad? Pues aunque este comportamiento humano sea sin duda poco ético, en la Física resulta totalmente necesario.

La labor de la Física es explicar el funcionamiento de la realidad que nos rodea que, por gracia o por desgracia, siempre es muy pero que muy compleja. Un físico analiza el problema, lo descompone en piezas más sencillas y (según su criterio) independientes, hace un modelo matemático de cada una de las piezas anteriores y las vuelve a componer para comprobar si lo que ha obtenido funciona igual que lo que ve.

Uno de los ejemplos más sobresalientes conocido por todos es la búsqueda de una explicación al movimiento de los planetas y otros astros en el Universo. Newton y Einstein son los nombres que a todos se nos vienen a la cabeza.

Por motivos puramente prácticos alguien hace muchos muchos siglos introdujo el concepto del espacio (somos animales territoriales) y del tiempo (el día, la noche, las estaciones nos condiconan). Nadie sabía muy bien de dónde surgían y qué era eso del espacio y del tiempo, pero todo el mundo los utilizaba y aceptaba como algo completamente normal.

Euclides desarrolló una Teoría de la Geometría del espacio real donde vivimos sin saber realmente qué era. Newton propuso una Teoría para el movimiento de los planetas y de la Tierra en torno al Sol sin definir rigurosamente el espacio y el tiempo que aparecía en sus ecuaciones.

Sin embargo, Newton tuvo la osadía de aceptar (sin tener la menor evidencia de ello) la existencia de un espacio fijo, absoluto, estático e independiente del tiempo en el que toda la realidad acontecía. Ésta era la gran mentira aceptada por Newton para lograr dar una explicación al movimiento de los planetas. Y lo más gracioso es que su Teoría era satisfactoria aún sabiendo que algo de base no estaba bien.

Nadie había definido el espacio pero todo el mundo sabía medir. Nadie había definido el tiempo pero todo el mundo conocía la hora. Newton no había visto nunca un punto fijo en el Universo y, sin embargo, aceptó que existía, y utilizaba el tiempo y el espacio a su antojo y todo iba bien.

A nadie le importaba qué eran exactamente el espacio y el tiempo mientras todo funcionara. Pero llegó un momento en que algo nuevo no encajó y hubo que replantearse muchas cuestiones.

Muchos antes que Einstein (fundamentalmente el matemático Bernhard Riemann) se dieron cuenta de que si se estudiaba el concepto de Espacio con más rigor se podían encontrar otros espacios diferentes del que la humanidad había asumido hacía muchos siglos. ¡Quién sabía si alguno de éstos podrían ser el espacio que ocupaba nuestra vida diaria!

Einstein fue mucho más allá y partiendo del hecho de que no existía un punto fijo en el Universo (negaba la gran mentira de Newton), descubrió que el espacio y el tiempo estaban interconectados, eran curvos, no existía espacio sin tiempo y viceversa, y otra serie de afirmaciones que aún hoy a muchos nos resultan de lo más impactantes.

Lo curioso de la Teoría que construyó Einstein es que no sólo explicaba el movimiento de los planetas de Newton sino que también explicaba otros muchos fenómenos que no conseguía explicar ninguna otra teoría.

Pero, ¿es la Teoría del Espacio-Tiempo de Einstein otra gran mentira de la Física previa a la gran Verdad Final? Nadie lo sabe. Lo único que podemos afirmar es que todavía nadie ha demostrado que ésta falle. Como contrapartida tenemos una "Teoría Más Correcta" que está más alejada de nuestra experiencia sensorial diaria y que, por tanto, es más difícil de asumir y transmitir.

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