martes, 16 de septiembre de 2008

Gestión del cambio: ¿asignatura pendiente?

Suelo observar en mi ámbito de trabajo, que uno de los aspectos más complicados en la ejecución de los proyectos suele ser la “interiorización” de los mismos en los equipos profesionales de la organización cliente. Y ello no tanto por su complicación técnica, organizativa o de ejecución, sino por el hecho mismo de su asimilación y entendimiento del mismo como una parte realmente necesaria del proyecto.

Después de meses desarrollando el proyecto, elaborando documentos, tratando con el equipo de trabajo asignado por la organización, resulta que a la hora de su aplicación generalizada, suele haber resistencias, en algunos casos de tal fuerza, que literalmente “tumban” el proyecto.

Puedo decir que en el último proyecto en el que he trabajado, se ha dado bastante importancia a la labor de “sensibilización” de los recursos humanos, integrándolos en el proyecto desde el principio como un eslabón vital para su éxito en condiciones de calidad y eficacia. Lo que no significa que no se hayan dado dificultades y hasta fracasos con algunas personas.

Pero esto no suele ser lo normal. Hablando con algunos colegas de otras compañías, el tema de la gestión del cambio no resulta fácil de ejecutar y sobre todo de valorar. Lo incluimos en las ofertas, todos somos conscientes de su importancia, pero a la hora de la verdad, no se ve muy claro en qué consiste. Y es que la gestión del cambio es como las buenas noticias, que están ahí pero no trascienden (por lo general); sencillamente, sus resultados van sembrando poco a poco en la organización, hasta que el objeto del proyecto (una aplicación informática, un nuevo planteamiento de procesos), queda indisolublemente ligado al hacer y ser de esa entidad.

En mi opinión y por la experiencia adquirida, entiendo que la gestión del cambio no se puede limitar tan sólo a unos manuales y unas cuantas sesiones de formación. Es necesario contar con personal específicamente dedicado a esta tarea, que preste un servicio personalizado a las personas afectadas por el proyecto, de manera que encuentren en la empresa prestadora del servicio una “cara amiga”, y no sólo a un grupo de personas que a priori, parece que han venido a complicarles la vida con nuevas formas de hacer, con lo bien que ellos estaban hasta ese momento.

Para que un proyecto tenga éxito después de meses y meses de trabajo, debe concederse particular atención a la actividad de gestión del cambio. Depende de cada organización el decidir su alcance y metodología, pero no debiera perderse de vista. Y para ello, los que primero se lo tienen que creen son las empresas que prestan el servicio.

1 comentario:

JP dijo...

En mi opinión, sin duda. Nadie prácticamente hace una gestión del cambio (incluyendo formación y comunicación) en paralelo a la marcha del proyecto. Se suele hacer mal, al final y de espaldas a los usuarios... eso si se hace.

Saludos,

JP